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España en una Europa en desintegración. El libro blanco sobre el futuro de Europa

Público.es 

27.03.2017
Ricardo Gómez Muñoz
Ingeniero Consultor en políticas públicas y europeas. Miembro de EconoNuestra y del movimiento “DIEM, un plan B para Europa” 
La Comisión Europea ha hecho público recientemente un “Libro Blanco  sobre el futuro de Europa- Reflexiones y escenarios para la Europa de los Veintisiete en 2025” Libro Blanco sobre el Futuro de Europa , un documento para el debate sobre hacia dónde quiere ir la UE tras 60 años de la firma del Tratado de Roma.

En el texto que habla de reflexiones y escenarios, echamos de menos un análisis serio y una evaluación autocrítica de la situación de crisis estructural por la que atraviesa Europa, lo que nos ayudaría a entender mejor  lo qué está pasando y donde estamos en la fase de integración/ desintegración del proyecto europeo.

El debate que propone la Comisión se plantea en un momento en que la Unión Europea y su método de funcionamiento (bautizado como “gobernanza”[1]) se encuentra en una situación de desprestigio creciente, lo que amenaza con el afloramiento de  tendencias desintegradoras y con el fantasma de la fragmentación.

Como componentes más significativos de esta crisis estructural por la que atraviesa el proyecto europeo, podríamos destacar los siguientes:

La salida de Gran Bretaña tras el triunfo del Brexit en el referéndum británico sobre la adhesión a la UE.

Las secuelas de las políticas aplicadas por la UE en la última crisis financiera : frente a un salto adelante en el reforzamiento de las políticas sociales y de empleo (l Modelo Social Europeo), se eligieron las políticas de austeridad y de ajuste estructural con las nefastas consecuencias que todos conocemos. En los  países del Sur  se ha generado  una espiral que destruye las economías y aumenta el desempleo y los niveles de pobreza, recortando los derechos de los ciudadanos.

La crisis de los refugiados que pone en cuestión el espacio Schengen de libre circulación de personas y las políticas de solidaridad frente a la llegada de un gran número de refugiados de las zonas asoladas por la guerra en el Oriente Medio.

El aumento de la extrema derecha en Europa. Esta situación ha facilitado el surgimiento de las fuerzas nacionalistas antieuropeas de derecha y extrema derecha, que abarca una amplia gama de posiciones, de las fuerzas liberales conservadoras nacionalistas a las que son abiertamente fascistas.[2]

La falta de transparencia en la elaboración de los tratados y directrices europeos y su subordinación a los intereses de las corporaciones transnacionales y la gran banca.

Existen en el documento pocas referencias autocríticas al papel jugado por el llamado sistema de gobernanza europea en este proceso. El documento se limita a plantear, de forma un tanto victimista, la pérdida del apoyo ciudadano al proyecto europeo. Para ello recoge el resultado de las encuestas periódicas del Eurobarómetro que reflejan el  cuestionamiento general de la confianza y la legitimidad en las instituciones europeas por parte de ciudadanos y gobiernos y el ambiente generalizado de crítica hacia la actuación de los poderes públicos comunitarios (“echar la culpa a Bruselas “). Pero en ningún momento se hacen  referencias concretas a los jalones que han llevado a esta situación de tensión y crisis en que nos encontramos, aunque de forma global se reconoce que: “La Unión ha estado por debajo de las expectativas en la peor crisis financiera, económica y social en la historia de la posguerra”, que “la recuperación está mal distribuida entre la sociedad y las regiones”, hasta el punto de que las secuelas de la crisis “han sembrado dudas acerca de la economía social del mercado”.

Evaluación de la situación actual

La situación actual es heredera de las contradicciones que arrastra el proceso de integración europeo, que viene marcado por una disfuncionalidad entre la integración económica y la integración política. Esta trayectoria se caracteriza por el deterioro de las instituciones europeas y la falta de una auténtica separación de poderes a la hora de tomar las decisiones fundamentales que afectan a la vida y los intereses de los ciudadanos europeos. La crisis de 2008 fue un pretexto para enterrar los restos del llamado “Modelo Social Europeo, cada vez menos social, y las actuaciones de las instituciones europeas son cada vez menos democráticas en su funcionamiento y menos transparentes en su forma de gobernar (gestionada por la Comisión, el BCE, Eurogrupo, el FMI, el Consejo).

A pesar de ello, este es el sistema de gobierno que condiciona orientaciones de las políticas comunitarias, marcadas a sangre y fuego por la ortodoxia neoliberal como “pensamiento único”. De aquí que las decisiones que se toman y las reglas que se aplican no estén pensadas para proteger y mejorar los logros democráticos, sociales civiles y laborales en favor de las personas, sino en favor del mercado y, más particularmente, de los intereses de las corporaciones y los mercados financieros. Conviene señalar que el neoliberalismo no es simplemente una ideología, sino una corriente económica y política capitalista, y que sus implicaciones no se limitan a la política económica, sino que determinan la relación entre la economía, la sociedad y el Estado. Esta es la corriente impuesta por la gobernanza europea e implícitamente adoptada como ideología constituyente en el Tratado de Lisboa y refrendada en los tratados posteriores.

Como resultado de esta opción las políticas neoliberales formuladas por la Comisión Europea y respaldadas por el Consejo Europeo se han dedicado a vaciar de contenido las políticas progresistas de convergencia económica, y de cohesión social a nivel europeo que formaban la reivindicada “Europa Social”, y con ello se han liquidado los restos del llamado “modelo social europeo”, basado en la defensa y reapropiación de lo común y en la garantía de los derechos humanos fundamentales, cuyos pilares eran los sistema de protección social, los servicios públicos y las mejores normas para la protección del medioambiente. De esta manera se han usurpado las conquistas democráticas y sociales de la clase trabajadora europea y se han instalado en numerosos países el desempleo, la inseguridad laboral y múltiples formas de discriminación que han hecho aumentar dramáticamente la desigualdad y la pobreza en Europa[3].

Los cinco escenarios que contempla el Libro Blanco:

El Libro blanco quiere sentar las bases de un debate abierto, en el que se espera participen tanto el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales, como las autoridades locales y regionales, y la sociedad civil en su conjunto para establecer las líneas

El documento de la Comisión ofrece cinco alternativas para la UE sin Gran Bretaña en 2025 que, a grandes rasgos, son las siguientes:

  1. Seguir igual. Es decir, la UE a 27 se centra en cumplir su actual programa de reformas con el peligro de que la integridad de la UE pueda verse en entredicho.
  2. Solo mercado único: la Unión Europea se vuelve a centrar gradualmente en el mercado único, preservando las cuatro grandes libertades (personas, mercancías, servicios y capitales). La cooperación sería limitada y “se pondría en riesgo la integridad de la moneda única y su capacidad para responder a una nueva crisis financiera”.
  3. La UE a varias velocidades: los países que deseen hacer más hacen más, mediante cooperaciones reforzadas. Se trata de incentivar varias velocidades en las agendas fundamentales al objeto de evitar que los vetos impidan avanzar a quienes quieren hacerlo. Estos ámbitos políticos de cooperación estarían sujetos a los acuerdos entre países.
  4. Hacer menos pero de forma más eficiente. La UE-27 intensificaría su trabajo en un limitado número de ámbitos, tales como la innovación, el comercio, la seguridad , la migración la gestión de las fronteras y la defensa. Se dejarían de lado las políticas que pueden hacerse mejor a nivel nacional, regional o local.
  5. Hacer mucho más conjuntamente en todos los ámbitos políticos. Una Europa con voz única cara al exterior con grandes transferencias de poder desde los estados nacionales a las instituciones europeas. El escenario final sería el de los Estados Unidos de Europa, lo que podría suponer la dotación de un mayor presupuesto centralizado, una mayor injerencia en materia fiscal, social y tributaria, la posibilidad de vetar las cuentas nacionales, la emisión de eurobonos o la creación de un ejército europeo

Estos cinco escenarios de futuro se orientan con matices, en la misma línea gradualista de reforzamiento del mercado único a través de “menos/más Europa”: la de los aspectos comerciales, financieros y monetarios. Se echa en falta la posibilidad de introducir cambios hacia un modelo económico social alternativo y en el supuesto más favorable estos escenarios no sirven para avanzar en la unidad política, en la unidad fiscal y presupuestaria y en la convergencia social europea.

La adhesión o rechazo a estos escenarios, ya está provocando reacciones en muchos países europeos. El presidente de la Unión Europea parece apoyar el escenario 3, de una Europa a varias velocidades, y a este escenario parece apuntarse también el presidente del gobierno español, sin haberse llevado a cabo el necesario debate parlamentario, ni consulta popular. Esta toma de postura resulta un indicador de cómo funcionan las cosas en Europa.

Hacia un escenario alternativo desde la izquierda

Más que una cuestión de velocidades hace falta un cambio de rumbo en el proyecto de integración europea. Se necesita un proyecto de unidad europea que vaya más allá del planteamiento tecnocrático actual, determinado por la por la agenda política de las dos corrientes dominantes a lo largo de las últimas décadas: el PPE de conservadores y democristianos y el S&D de los socialdemócratas. Estas dos grandes fuerzas, presentes en los países más importantes de la UE, han ido convergiendo poco a poco hacia una misma postura de apoyo a la globalización neoliberal.

Frente a este proyecto caducado hay que impulsar desde la izquierda un escenario distinto . Y para ello hace falta iniciar un proceso constituyente-una nueva Constitución para Europa- que respete los valores fundamentales y los principios democráticos, abriendo la posibilidad a un orden económico social alternativo. Capaz de suscitar la adhesión de los europeos; cuyos valores y objetivos sean la democracia real y la libertad, los derechos y la igualdad a todos los niveles, el reconocimiento efectivo de la dimensión de género, la justicia social y climática, la dignidad y el trabajo, la solidaridad y la acogida, la paz y la sostenibilidad del medio ambiente.

Otra Europa es necesaria, urgente y posible, y para construirla es necesario abrir el debate y sacarlo a la calle, fuera de los despachos de la Comisión, del Parlamento Europeo o las oficinas de lobbies y empresas multinacionales. Es el momento de  actuar para cambiar las políticas que ponen en peligro la Europa de los ciudadanos y de los pueblos, exigiendo  instituciones supranacionales democráticas que sean expresión de la voluntad popular y que cuenten con recursos adecuados; respetando los derechos consagrados en la Carta de los Derechos Fundamentales, proponiendo alternativas concretas y luchando para ponerlas en práctica, tanto en el espacio europeo como más allá de las fronteras de la Unión.

Como resumen se exponen a continuación algunas propuestas de rescate ciudadano, que puedan servir para iniciar el debate  y para conformar este escenario alternativo[4]:

Poner fin de forma inmediata a las políticas de austeridad y aumentar el gasto público a través de un presupuesto europeo significativo

  • Adoptar medidas urgentes para la reestructuración de la deuda insostenible en los países más altamente endeudados
  • Una reducción radical del sector financiero y de su actividad
  • Europa necesita más democracia: No a la Europa de las élites y de los tecnócratas
  • La democracia tiene que ser ampliada a todos los niveles en Europa. La Unión Europea sufre un fuerte déficit democrático y de separación de poderes. Esta situación debe corregirse poniendo límite a la concentración del poder en manos de unos pocos Estados, o de instituciones comunitarias que escapan al control ciudadano de sus decisiones, como son la Comisión Europea, el Eurogrupo o el BCE.
  • Como alternativa se propone la participación directa de la ciudadanía europea en la toma de decisiones clave vía referéndums vinculantes.
  • Contra las desigualdades y la pobreza. Por la recuperación del empleo, los salarios y los derechos sociales
  • Reestructuración productiva: a corto plazo deberían adoptarse medidas anticíclicas destinadas a promover un desarrollo sostenible que debe comenzar desde los niveles local, regional y nacional.
  • Relaciones exteriores: no a la subordinación de la UE a la geopolítica de EE.UU y las corporaciones transnacionales. Denuncia de la guerra y la militarización como medios de resolución de los conflictos internacionales.
  • Frente común en relación al ascenso de la extrema derecha y el fascismo en Europa
  • Tratados comerciales: paralización de la entrada en vigor del Acuerdo Comercial con Canadá ( CETA ) y no ratificación por los parlamentos nacionales.
  • Una nueva constitución para Europa: retomando las iniciativas abandonadas de un proyecto constituyente.
    _________

[1] Libro Blanco sobre la gobernanza. http://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/HTML/?uri=URISERV:l10109&from=ES

[2] Los últimos años han visto un cambio radical derecha, populista, xenófoba y antieuropea.  El fenómeno es  complejo, y no siempre se relaciona  con la magnitud de la crisis económica o la de la migración

[3] La creciente pobreza y la  sangrante desigualdad aleja a la ciudadanía de sus esperanzas en el proyecto europeo. En la Unión Europea, 123 millones de personas están en riesgo de pobreza y exclusión social, lo que supone una cuarta parte de su población, mientras que 342 personas son milmillonarias.

[4] Ricardo Gómez “El rescate de Europa” Algunas propuestas, mayo 2014. http://www.espacio-publico.com/otra-europa#comment-1247

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