Educación ciudadana Es noticia

La Pax americana…


La paz, vista por los Estados Unidos

A raíz de los recientes bombardeos de EE. UU. Francisco Morote Costa, Presidente honorario de attac canarias, nos aporta algunas reflexiones sobre la Pax americana

¿Podemos considerar justificado y conforme al derecho internacional el ataque lanzado esta semana por los EEUU contra Siria, acusada por el Gobierno Trump de usar armas químicas en la guerra que está teniendo lugar en ese país ? 

Para los gobiernos europeos, los medios de comunicación occidentales y la OTAN, a pesar de que la decisión estadounidense fue unilateral y sin el aval de la ONU, sí. Sorprendente. 

 

“Estados Unidos – dice en su Editorial de ayer el periódico mexicano La Jornada, discrepando abiertamente de tan extraordinaria unanimidad-,  realizó un bombardeo masivo contra instalaciones militares del gobierno sirio, queda claro que se está ante la vuelta o el recrudecimiento de las peores prácticas de la superpotencia en su conducción de las relaciones internacionales, con base en la coacción, la indiferencia al principio de autodeterminación, la aplicación extraterritorial de las leyes, el atropello impune a la soberanía del resto de las naciones y, en suma, la consuetudinaria violación del derecho internacional.”

Suscribo plenamente esa opinión. ¿ Quiere eso decir que el hecho en sí, el uso de armas químicas, no se deba investigar ?  Todo lo contrario, se debe investigar, como en otras ocasiones, para depurar responsabilidades y condenar a quién corresponda, pero bajo los auspicios de la ONU, única representante legítima de la Comunidad Internacional.

 

Pero es que, además, en este caso es asombrosa la hipocresía, el cinismo, la doble moral, de la que hacen gala los Gobiernos de EEUU y de Europa, la OTAN y los acríticos, en este caso, medios de desinformación sistemática occidentales. Especialmente grave es el caso de EEUU, el país que entre 1961 y 1971 lanzo, con absoluta impunidad,  72 millones de toneladas del agente naranja (arma química) que afectaron gravísimamente a 3 millones de personas en Vietnam.  Y es hipócrita, cínica y con doble vara de medir, la intervención de EEUU en Siria, porque al mismo tiempo que suceden los espantosos sucesos de Siria, Arabia Saudita, con el beneplácito de EEUU, la UE, el Reino Unido y la OTAN, está bombardeando Yemen y siendo acusada también de usar armas químicas, sin que ello despierte el menor interés en el conglomerado político-militar-mediático occidental.

Traigo, pues, hoy informaciones, de 2016 ya, de tercerainformación (España) sobre ataques aéreos, incluidas las armas químicas, de Arabia saudita en Yemen; el número de niños asesinados (más de 1.500 en 2017) por los bombardeos saudíes, según UNICEF, y en El País, la negativa del bombero vasco (2017), expedientado por ello por la diputación de Vizcaya, a embarcar armas españolas para la guerra en Yemen.

Finalmente, recupero, tres artículos de geopolítica, de 1999, 2005 y 2011, sobre la imperialista Pax Americana,  desde la que estamos transitando hacia el mundo tripolar de nuestros días: EEUU, Rusia, China.

 

 tercerainformación 

Hispan TV

21/08/2016

  • Fumarolas de humo se elevan tras un ataque saudí contra la ciudad de Saná, capital de Yemen.

    Fumarolas de humo se elevan tras un ataque saudí contra la ciudad de Saná, capital de Yemen.

Los bombarderos saudíes atacaron más de 20 veces la región de Nehem, en la provincia de Saná, en algunas imbestidas hasta llegaron a usar bombas químicas. Tres personas perdieron la vida y decenas de civiles sufrieron heridas, informaron el sábado medios locales.

Desde el inicio de campaña militar saudí en Yemen, la región de Nehem ha sido blanco de los sistemáticos ataques de los bombardeos saudíes, pero esta fue la primera vez que el régimen Al Saud realizó ataques en esta zona con armas prohibidas internacionalmente.

Las fuerzas yemeníes lanzaron ataques con proyectiles de mortero contra el puesto militar saudí de Al-Sharafa, en la región de Najran, y al destruir un vehículo blindado saudí, provocaron destrucciones en el lugar castrense”, informó la agencia local SABA

Según los documentos e informes de los medios de comunicación, Arabia Saudí no solo ha utilizado armas químicas en su ofensiva contra Yemen, sino que de acuerdo con la agencia estadounidense de noticias Veteranstoday, Riad podría haber empleado armas nucleares en sus ataques aéreos contra los civiles yemeníes.

Asimismo, los cazas saudíes arremetieron en la misma jornada del sábado contra una escuela en la ciudad de Biyan, en la provincia de Shabwa, y mataron a 14 personas.

En respuesta a esos ataques, el Ejército yemení, apoyado por los combatientes del movimiento popular Ansarolá, atacaron con misiles las zonas fronterizas de Arabia Saudí.

“Las fuerzas yemeníes lanzaron ataques con proyectiles de mortero contra el puesto militar saudí de Al-Sharafa, en la región de Nayran, y al destruir un vehículo blindado saudí, provocaron destrucciones en el lugar castrense”, informó la agencia local SABA.

El sábado también las fuerzas yemeníes lanzaron exitosamente un misil balístico tipo Zelzal-3 contra los soldados saudíes concentrados en la base militar de Asnad en la parte oriental de Seqam, en Najran. El Ministerio del Interior saudí confirmó que el ataque de las fuerzas yemeníes a Najran dejó un muerto y seis heridos.

 

24 de octubre de 2016

hispantv

Los intensos bombardeos de Arabia Saudí contra el pueblo de Yemen han dejado miles de niños muertos y desnutridos, 24 de octubre de 2016.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés) estima que hay más de 370.000 niños menores de edad en riesgo de sufrir desnutrición severa que debilita su sistema inmunológico y unos 1.5 millones están pasando hambre aguda. Además, la mitad de los niños menores de cinco años sufren retraso del crecimiento debido a la desnutrición crónica.

Diariamente la situación de los yemeníes sigue empeorando por las ofensivas de la aviación militar del régimen de Riad. Por otra parte, el cerco del país árabe ha provocado la escasez de alimentos (alrededor del 90 % de los alimentos de Yemen viene desde el extranjero) y combustibles que están a punto de llevar al país al colapso, sobre todo el sistema sanitario.

La ofensiva militar saudí contra Yemen, que tiene como objetivo restaurar en el poder al expresidente fugitivo yemení Abdu Rabu Mansur Hadi, un estrecho aliado de Riad, ha dejado al menos 10 mil muertos, según Naciones Unidas.

30/03/2017

El número de niños asesinados en Yemen ha crecido de 900 a más de 1500, revela un nuevo informe de Unicef.

Los datos proporcionados este lunes por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y confirmados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), indican que del año pasado, el número de niños asesinados aumentó de 900 a más de 1500, el de heridos casi se duplicó, pasando de 1300 a 2450 y el de reclutados se acercó a los 1580, frente a los 850 de hace un año.

Igualmente, el informe de Unicef, titulado ‘Falling through the Cracks’ (descendiendo por las grietas), precisa que los ataques en los colegios se han cuadruplicado, de 50 a 212, y los ataques a hospitales e instalaciones sanitarias aumentaron un tercio, de 63 a 95, asimismo que el número de niños heridos y reclutados se ha duplicado en un año.

Cerca de 10 millones de niños están sufriendo las consecuencias terribles de un conflicto que debe acabar. Tenemos que abrir los ojos ante lo que están viviendo a diario y actuar antes de que sea tarde”, enfatiza Javier Martos, director ejecutivo de Unicef Comité Español.

Por su parte, la portavoz de Unicef en Yemen, Meritxell Relaño, ha criticado que “la guerra en Yemen sigue cobrándose la vida y el futuro de los niños”.

Asimismo, luego de lamentar que “la lucha y la destrucción incesantes les han marcado (a niños yemeníes) de por vida”, ha dicho que “las familias están sin recursos y luchando para hacer frente a la situación”.

En este contexto, ha explicado que la pobreza, el hambre y las enfermedades privan a los niños de este país árabe de vivir su infancia.

El informe, además, agrega que los conflictos han debilitado mucho los mecanismos de supervivencia de la población, lo que ha llevado a Yemen a constituir el país con una de las mayores emergencias en seguridad alimentaria y desnutrición del mundo.

Alrededor del 80 % de las familias yemeníes están endeudadas, y la mitad de la población vive con menos de 2 dólares al día, señala el reporte.

Además, denuncia que a medida que los recursos familiares disminuyen, más y más niños son reclutados por las partes en conflicto o se ven obligados a casarse.

“Cerca de 10 millones de niños están sufriendo las consecuencias terribles de un conflicto que debe acabar. Tenemos que abrir los ojos ante lo que están viviendo a diario y actuar antes de que sea tarde”, ha enfatizado Javier Martos, director ejecutivo de Unicef Comité Español.

La publicación de este documento coincide con el segundo aniversario del inicio de la campaña militar saudí contra Yemen, el 26 de marzo de 2015, que ha dejado más de 12.000 muertos.

¿Pax americana o derecho internacional?
 

Francisco Morote Costa

La Provincia. Mayo, 1999

 

Cuando en 1991 se autodisolvieron el Pacto de Varsovia y la propia Unión Soviética se cerró, definitivamente, una etapa del orden político internacional , la Guerra Fría, la de un mundo bipolar dominado por dos superpotencias y se entró en una nueva fase histórica, en un nuevo orden, caracterizado por la hegemonía indiscutible de una sola superpotencia, Estados Unidos. Esta situación de unipolaridad es nueva en la Historia Contemporánea. Se trata de un fenómeno inédito, puesto que en los últimos cien años, por los menos, la existencia de un puñado de potencias, multipolaridad, o la de las dos superpotencias mencionadas, aún pudiendo dar lugar a una peligrosa política de bloques, entrañaba, cuanto menos, una situación de poderes que se contrapesaban. Hoy, en el nuevo orden unipolar, los Estados Unidos no tienen ningún contrapeso mundial y los expertos pronostican su hegemonía incluso por varias décadas. Esta posibilidad, en mi opinión, está bien fundada, porque ni Rusia, ni China, ni Japón, ni la Unión Europea, reúnen, por ahora, todas las condiciones que dan la supremacía a los norteamericanos, a saber, el poder económico, el científico-técnico, el mediático y el político-militar. Previsiblemente, por lo tanto, la hegemonía estadounidense durará muchos años.

¿Cuál es el problema, entonces?

Sin duda, el problema será, y ya hemos tenido suficientes pruebas de ello, el del uso que Estados Unidos hará de ese inmenso poder, de esa situación privilegiada.

Por su propia naturaleza el poder norteamericano es el de una Nación-Estado con intereses mundiales y aunque los Estados Unidos representan tan sólo al 4,6% de la población mundial, sus gobiernos y tras ellos sus élites económicas y políticas, pueden estar tentados de confundir los intereses de su país con los de todo el mundo y considerar, de un modo más o menos explícito, que lo que es bueno para ellos, tendrá que serlo también para el resto de los países. En realidad, en esto consistiría esencialmente la “Pax Americana”. Un orden presidido, aunque lógicamente no se diga así, por los intereses y criterios de Estados Unidos y subsidiariamente, por el conjunto de países que acatan y respaldan esa hegemonía.

Sucede, no obstante, que determinadas opciones o actitudes a cargo de otros Estados chocan con ese orden y los gobernantes americanos no parecen estar dispuestos a tolerarlo. De hecho, ahora mismo, los Estados Unidos tienen una lista negra de países a los que les están ajustando las cuentas o se las podrían ajustar en un futuro próximo. En esta lista figuran, que yo recuerde, Cuba, Libia, Sudán, Irak, Siria, Irán y, por supuesto, Yugoeslavia. Se dirá que se trata de países que no encajan en un mundo presidido por la voluntad de difundir la democracia y el respeto a los derechos humanos, que es el discurso oficial de nuestro tiempo. Sin embargo, cuando se dicen estas cosas, que se dicen tan tranquilamente, se olvida el pequeño detalle de que, en esta lista negra americana de los infractores de derechos humanos, faltan países como Turquía, Afganistán, Indonesia, Israel, Argelia, Marruecos, etc. Países que tienen patente de corso para vulnerar los derechos humanos de partes enteras de su población o de poblaciones ocupadas, sin que por ello les pase absolutamente nada. Y es que con una mirada retrospectiva a este siglo que está acabando, Estados Unidos y, para qué engañarnos, el conjunto de lo que llamamos Occidente, ha distinguido muy bien en su fuero interno, entre dictadores buenos y malos y, también, entre democracias buenas y malas. Así, Salazar y Franco fueron dictadores buenos y por eso murieron ejerciendo el poder. O Pinochet, según ellos, no está claro que fuera un dictador porque en realidad lo que hizo fue restablecer la verdadera democracia (M. Thatcher dixit). Razonando de esa manera, el Chile de Allende no era la democracia que convenía al pueblo y tampoco la Nicaragua de los sandinistas, hasta que los nicaragüenses comprendieron a quién le tenían que votar si querían que los Estados Unidos les dejaran vivir en paz.

En suma, que cuando la ocasión, o mejor dicho, los intereses estratégicos –económicos, políticos, militares-, de los Estados Unidos y sus aliados lo requieren se hace la vista gorda, y cuando no, se actúa contundentemente, usando, si es posible, el discurso justificador de la defensa de la democracia y de los derechos humanos.

Un mundo así no es seguro para nadie. Ni siquiera para las poblaciones de los países que ven las guerras por televisión. Tarde o temprano el resto del mundo, el que no cabe en ese esquema diseñado en la Casa Blanca, en el Pentágono, en el FMI y en otras instancias de poder, se rebelará. La inseguridad nuclear puede generalizarse, pues ante la perspectiva de intervenciones armadas como la que ahora mismo está teniendo lugar en Yugoeslavia, los países que se sienten amenazados por la “Pax Americana” si pueden optarán por disponer de su propia fuerza nuclear, como último recurso disuasorio frente a la prepotencia de los más fuertes. A nadie le interesa este camino, que ya han emprendido países como la India o Paquistán, a causa de sus conflictos históricos, y podrían emprender otros muchos países. En consecuencia, la vía de la seguridad colectiva sólo puede ser una, la del respeto de todos, grandes y chicos, por la legalidad internacional, por el Derecho Internacional. Únicamente la ONU y sólo la ONU representa la llamada “Comunidad Internacional”. La responsabilidad de mantener la paz y hacer respetar los derechos humanos le compete a ella. Nadie, por lo tanto, puede arrogarse semejante representación. El único amparo, la única garantía de poder vivir en un estado mundial de derecho pasa, pues, por la ONU. Una ONU revitalizada, democratizada, pero viva y no enterrada por quienes parecen empeñados en imponer un orden imperial por encima del Derecho Internacional.

¿La quiebra del mundo unipolar?
 

Francisco Morote Costa

Rebelión

10.01.2005

 

Al empezar el año 2005 tenemos ya los suficientes elementos de juicio con los que evaluar el mundo unipolar en el que nos ha tocado vivir. Un mundo, bajo signo estadounidense, al que desde que comenzó el siglo y especialmente desde el atentado del 11 de septiembre de 2001, se le ha querido imponer lo que en otro lugar he llamado la ley del imperio, es decir, de la fuerza, frente al imperio de la ley, a saber, del derecho internacional.

Convencida de la enorme superioridad militar norteamericana, la actual Administración neoconservadora del presidente Bush, ha tratado de garantizarse, por décadas, un abastecimiento energético seguro, abundante y barato. Para ello, ha puesto en práctica, primero en Afganistán ydespués en Iraq, una política que bien puede calificarse, sin exageración, de neoimperialista y recolonizadora. El gobierno Bush partió de la idea de que, en un mundo unipolar, ningún rival militar iba a estorbar sus planes de ocupación y

explotación de los recursos y ventajas estratégicas de los países-objetivos señalados. Además, el poder de destrucción mostrado y demostrado, en el último decenio del siglo XX, en Iraq y en los Balcanes parecía suficiente tarjeta de presentación para desanimar cualquier oposición a su fuerza militar. Y, sin embargo, el poder militar americano ha tropezado, por segunda vez en su historia, con la misma piedra de la resistencia popular que ya le derrotó en Vietnam.

Por otra parte, en estos cuatro primeros años del siglo, el gobierno Bush se ha desentendido de todo lo que no fueran sus objetivos militares, económicos y políticos. Ha practicado una política irresponsable e insolidaria, ignorando o boicoteando los avances logrados en materia de seguridad ecológica colectiva (Protocolo de Kioto), protección universal de los derechos humanos (Corte Penal Internacional), etcétera. En suma, ha demostrado su incapacidad para dirigir el mundo y, ni siquiera, ha podido hacer efectiva su superioridad militar en Iraq.

Ante el fracaso de un mundo unipolar así, tan violento y caótico, las fuerzas sociales y políticas responsables del mundo tendrían que reaccionar ya. Hay señales que manifiestan la necesidad de un orden global, inspirado en el derecho, que dé más confianza y seguridad al planeta. Cada día resulta más intolerable que las catástrofes coyunturales, como el reciente maremoto del Océano Índico, o estructurales, como la situación de hambre y pobreza extrema de cerca de 1000 millones de personas en el Tercer Mundo, no se aborden, con los medios ya disponibles, desde ópticas de previsión y solución. En un mundo globalizado hay que arbitrar medidas globalizadoras. Incluso en el caso improbable de que la Administración estadounidense hubiera estado en manos de gobernantes más benévolos, no se garantizaría un orden mundial más justo y seguro. Se trata de responsabilidades colectivas, internacionales. Ningún Estado, por su misma naturaleza nacional, podrá perseguir el interés colectivo, general de toda la humanidad. Ni aún cuando fueran seráficos, que no lo son, los dirigentes de los poderosos países que forman el núcleo duro de la gobernación del mundo, a través del G8, podrían pilotar acertadamente la nave universal. No, la opinión pública mundial tiene que saber y tiene que convencerse de que es preciso impulsar el papel de unas Naciones Unidas reformadas, con un poder más equilibrado y con capacidad real para hacer frente a los desafíos ecológicos, económicos y sociales que ensombrecen el futuro de la humanidad. Esa opinión pública es la que puede y debe expresar, a sus gobernantes nacionales, su voluntad de confiar a los organismos democráticos internacionales, con la ONU a la cabeza, la resolución de los graves problemas que aquejan a la mayoría de los habitantes de nuestra pequeña aldea global. Significativamente, la comunidad internacional ha preferido confiar a las Naciones Unidas y no a los Estados Unidos, cada día con menos autoridad política y moral, la tarea de organizar la ayuda solidaria del mundo a los países devastados por el terrible maremoto del fin del año pasado.

El mundo unipolar de la Pax Americana
 

Francisco Morote Costa (enero, 2011)

Rebelión,  eldiario.es/canariasahora

En 1991 la disolución de la URSS hizo de los Estados Unidos la única superpotencia mundial, dándole la oportunidad de establecer el nuevo orden internacional de una Pax americana. El mundo multipolar del período 1870-1945, caracterizado por la lucha por el reparto del globo entre un puñado de grandes potencias europeas y extraeuropeas, había sido inseguro al desencadenar dos guerras mundiales (1914-18 y 1939-45), y también lo había sido el mundo bipolar del período 1945-1991, cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética protagonizaron un conflicto que casí les abocó a una Tercera Guerra Mundial de carácter nuclear y que conocimos como Guerra Fría. Finalmente, la existencia de una sola superpotencia sin rival equiparable, a partir de 1991, podía inducir a pensar que, aún teniendo que soportar la servidumbre propia de una situación de poder universal de una única superpotencia, el mundo unipolar liberado de la lucha por el dominio mundial entre potencias y superpotencias sería, al menos, más seguro. ¿Ha conocido, entonces, el mundo un período de mayor tranquilidad y seguridad bajo la égida del poder unipolar de los Estados Unidos? ¿Se ha establecido en el mundo una auténtica Pax americana reconocida sino con agradecimiento sí, por lo menos, con alivio tras los temores que durante la Guerra Fría suscitó el riesgo de un apocalipsis nuclear? A mi juicio la respuesta es negativa.

El mundo unipolar de la Pax americana, del que según entiendo estamos saliendo -su vigencia estrictamente hablando abarcaría el período 1991- 2008-, no ha sido, no es, cuando ya el mundo empieza a ser de nuevo multipolar, ni tranquilizador, ni seguro, ni pacífico. En realidad, en los años que van de 1991 a 2008 -presidencias de G. Bush (padre), W. Clinton y G. Bush (hijo)-, los Estados Unidos con el objeto de imponer sus intereses económicos y políticos ha hecho un uso desmedido y abusivo de su poder militar. La Pax americana, como era lógico suponer, no podía ser sino la expresión del único imperialismo finalmente triunfante del sistema mundo capitalista. De ahí las guerras, los chantajes, las presiones a las que ha sometido al mundo en el período, más corto de lo previsto, de su indiscutible hegemonía global. Quién pensara, ingenuamente, que el mundo unipolar de la Pax americana podía ser más seguro y pacífico porque los Estados Unidos tenían la posibilidad de forzar el arreglo de viejos problemas, de viejas injusticias, como el interminable conflicto de Oriente Medio cuya principal víctima es el pueblo palestino, se equivocaban de medio a medio. Desgraciadamente, la política mundial de los Estados Unidos ha estado guiada por dos intereses estratégicos altamente peligrosos: el control del petróleo y la neutralización de viejas o nuevas potencias rivales, como Rusia y China, capaces de poner en peligro su recién estrenada hegemonía mundial. Esa ha sido la razón -el pretexto muchas veces ha sido el terrorismo-, de las guerras, Irak primera y segunda guerra, Yugoslavia, Afganistán, y de las tensiones y conflictos en los que directamente, Irán, o indirectamente, el Cáucaso, se ha visto implicada la superpotencia. Por lo demás y por lo que se refiere a sus aliados occidentales, Europa y Japón básicamente, la principal diferencia durante el tiempo que ha durado el mundo unipolar de la Pax americana ha sido el trato dispensado por la administración demócrata de W. Clinton y el desarrollado por las administración republicana de G. Bush (hijo).

Clinton guardó mucho más las formas con Europa y Japón, y mostró más consideración con la ONU, creación de la política demócrata estadounidense de la Segunda Guerra Mundial, y con la OTAN, criatura americana de la Guerra Fría; G. Bush (hijo) o, más bien su vicepresidente R. Cheney y los halcones neoconservadores que intentaron llevar adelante, a sangre y fuego, el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, en inglés PNAC (Project for the New American Century), creyeron que el poder militar americano les permitiría actuar sin contar con sus aliados y con desprecio de la ONU e, inicialmente, hasta de la propia OTAN. En definitiva, mientras que Clinton e incluso Bush (padre) practicaron una unipolaridad multilateral en la que Estados Unidos se ofrecía como primus inter pares (el primero entre iguales) a sus aliados europeos, Bush (hijo) y Cheney ejecutaron una soberbia política de unipolaridad unilateral, queriendo dejar claro que los Estados Unidos eran, realmente, la única superpotencia mundial y actuarían para proteger sus intereses como mejor les pareciera, gustase o no gustase, caso de la segunda guerra de Irak, a algunos de sus aliados europeos.

En fin, lo que la realidad ha demostrado es que la bélica Pax americana sufría, además, de un grave error de cálculo. Los gobernantes estadounidenses de la Casa Blanca, del Pentágono y de Wall Street creyeron que Estados Unidos podía llegar a librar a la vez hasta dos y tres guerras victoriosas -Afganistán, Irak, ¿Irán?-, confundiendo su indiscutible poder naval y aéreo con su poder terrestre. Machacar desde el aire un país, como se hizo en Yugoslavia, en Irak e, incluso, en Afganistán, es una cosa, incluso derrotar a un ejército regular en una guerra convencional, caso de Irak, pero otra cosa muy distinta es ocupar permanentemente un país, soportando una interminable guerra de guerrillas, caso en parte de Irak y, sobretodo, de Afganistán. Las resistencias de Irak y Afganistán tras la invasión del territorio y la reacción de la población ocupada, pusieron de relieve los límites del poder militar americano que no se ha atrevido a lanzar el tantas veces previsto y casi anunciado ataque sobre Irán. Por lo demás, la irresistible ascensión de nuevas potencias económicas industriales, como China, India, Brasil y la renacida Rusia, por una parte, y el comienzo en 2008 de una crisis económica tratada como recesión pero considerada por algunos como una verdadera depresión, por la otra, parecen señalar el fin de la fugaz Pax americana de un mundo unipolar y el comienzo de un ignoto nuevo orden mundial multipolar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *