El rincón de Chema Tante

El capitalismo también es talibán – por JC Martín

 

Resulta irritante oír decir a los dirigentes del capitalismo occidental y a sus voceros mediáticos, que el fanatismo islàmico no es culpa de ellos, que es hasta intrínseco de la religión musulmana o su retraso cultural.

El fanatismo religioso en esos países es consecuencia de la miseria, hambre, guerras y conflictos que, encadenados durante décadas, han tenido como origen la depredación de los recursos que el capitalismo y neocolonialismo cometieron.

Quien no tiene qué comer, qué leer, de qué vivir ni cómo curar su enfermedad o cómo huir de la muerte, mira al cielo como su último recurso, sigue a un loco como desesperada escapatoria o se refugia en sueños prefabricados para huir de su pesadilla presente.

Cuando todos esos países pedían ayuda para su desarrollo, Occidente les ofrecía explotación de sus recursos; si pedían oportunidades para un comercio justo, le vendían armas a sus etnias; si querían construir sus propias democracias, les torpedeaban con dictadorzuelos marionetas.

Décadas de invertir en ellos frustración y muerte, generaron el campo abonado para que el terror fuera una opción y el regreso al pasado una evasión.

Todo cambió cuando el odio se desbordó, cuando los más desesperados se convirtieron en presas fàciles para el fascismo islamista y éstos a su vez encontraron amparo y financiación en los traficantes de armas y jeques adinerados.

El resto, que viene a ser el salto cualitativo con el que los dirigentes occidentales no contaron, lo constituye una explosión de una guerra que es total; sin ejércitos, sin fronteras, sin vuelta atrás, sin vencedores ni vencidos, porque la muerte no es concebida como fin, sino como puerta para una vida mejor.

Occidente pudo optar por la cooperación pero prefirió la opresión, humillación e inanición de esos pueblos. Pudo optar por el respeto, la fraternidad, el respeto por la diversidad y el alimento de una visión justa del bienestar, pero prefirió la prepotencia, usarlos como escenario de sus guerras bipolares, abandonarlos en manos de psicópatas que entendían los derechos humanos como mercancía a negociar.

Hoy la guerra llega a cualquier calle de Europa o Norteamerica, después de que durante décadas inundara de sangre las suyas, sus casas fueran bombardeadas, sus barrios arrasados, sus niños por miles convertidos en huerfanos, náufragos o refugiados.

Estos lodos después de tantos años de fangos empuercados por políticas occidentales torpes, avariciosas, insensibles y brutalmente injustas, son el todos contra todos de hoy.

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