Educación ciudadana

CAMINAR SOBRE EL ABISMO DE LOS LIMITES

CAMINAR SOBRE EL ABISMO DE LOS LIMITES : Politicas ante la crisis global

16 abril 2018

Attac Madrid

Informe de Ecologistas En Acción

El presente informe pretende contribuir al debate y la reflexión colectiva con vistas a elaborar estrategias que aprovechen el gran reto y las oportunidades que se nos presentan. Según los datos aportados por distintos organismos internacionales y parte de la comunidad científica, nos encontramos en un momento único en la historia de la humanidad: estamos viviendo un gran cambio civilizatorio.

Comenzamos a vislumbrar el inicio del agotamiento de los recursos energéticos y materiales, así como los primeros efectos del cambio climático y de la pérdida de la biodiversidad. En este contexto, mantener la espiral de producción y consumo propia del capitalismo no hará más que acelerar la crisis sistémica. Pero no sólo está en profunda crisis la biosfera, sino también el capitalismo global, que está llegando a sus límites.

Las manifestaciones de esta crisis global comienzan a ser palpables observando el escenario político mundial. Por ejemplo, se abren camino propuestas de marcado corte xenófobo a ambos lados del Atlántico, que están respondiendo a la pérdida de empleos industriales y a la caída de las rentas de las clases medias. Detrás de esos procesos no sólo están las políticas neoliberales, sino también los límites de los recursos, uno de los desencadenantes de la Gran Recesión que se inauguró en 2007/2008.

La espiral del crecimiento y el desarrollo infinito han tocado techo. El decrecimiento material no es una hipótesis, sino una realidad que, nos guste o no, se está concretando. La disyuntiva se plantea entre un decrecimiento justo y otro injusto. El factor tiempo juega en nuestra contra. Cuanto más retrasemos la transición energética hacia un modelo basado en fuentes renovables y descendamos los niveles de consumo, cuanto más tardemos en afrontar decididamente el cambio climático y la degradación ambiental, más se alejará la posibilidad de un futuro digno para las mayorías sociales y las generaciones venideras. Debemos, y podemos, iniciar ahora la transición a un nuevo paradigma que revierta los valores dominantes y dibuje sendas de esperanza que ofrezcan la posibilidad de una vida digna para la mayoría de las personas preservando al mismo tiempo la naturaleza.

Los cambios por emprender son de tal envergadura que requieren de un enfoque sistémico, en el que lo económico, lo político y lo cultural se articulen en una nueva configuración social que trascienda ciertos mitos e instituciones que arrastra la Modernidad. El camino no será fácil de encontrar ni de recorrer, pero no afrontar los desafíos puede facilitar el ascenso de nuevos autoritarismos o fascismos basados en el acaparamiento de unos recursos que serán cada vez más escasos, y que de hecho ya están creciendo a ambos lados del Atlántico.

El contenido del informe se articula en tres apartados. En el primero se aborda el contexto de agotamiento de los recursos fósiles, cambio climático, pérdida de la biodiversidad y agotamiento de materiales, suelo y agua. Se analizan también las características de algunos de los mitos y creencias limitantes que sostiene la base cultural de la Modernidad y que nos ha llevado hasta el momento presente.

En este apartado, destacamos que los datos disponibles apuntan a que es posible que ya hayamos alcanzado el pico de extracción de todos los líquidos combustibles, y que las reservas de gas y carbón decaerán igualmente en breve. La reducción de los índices de consumo energético actuales y la transición hacia un modelo basado en las renovables son inevitables. No obstante, una sociedad 100% renovable será muy distinta a la actual, pues las prestaciones en potencia y versatilidad de las renovables son menores que las propias de los combustibles fósiles.

Por otra parte, si no conseguimos estabilizar la concentración de CO2 atmosférico y frenar las peores consecuencias del cambio climático se nos presentarán escenarios muy duros de escasez alimentaria y agua, pérdida de la biodiversidad, fenómenos meteorológicos extremos, desarrollo de plagas y enfermedades, desplazamientos humanos en masa, etc., lo que hace que la lucha contra el cambio climático se convierta en el gran reto de nuestro tiempo.

Pero no sólo hemos transformado las características meteorológicas hasta un límite altamente peligroso para la vida en el planeta, sino que estamos presenciando al tiempo la sexta gran extinción de biodiversidad. Esta pone en riesgo no sólo la desaparición de millones de especies y hábitats, sino que amenaza gravemente el equilibrio de inter y ecodepedencia que sustenta nuestras vidas.

La explotación de materiales no energéticos y recursos esenciales como la tierra y el agua, también ha traspasado sus límites. Vivir en un mundo de recursos finitos que han alcanzado sus techos de explotación, disponibilidad y acceso (agravado por el declive energético anteriormente mencionado), nos conduce a un escenario de escasez. En él, la reducción del consumo y la distribución justa y equitativa de los recursos se plantea como el gran reto y la mejor de las apuestas.

Sin embargo, los relatos que se van construyendo ante la asunción de dichos problemas responden a la lógica del capitalismo y el paradigma cultural de la Modernidad que, a pesar de sus evidentes fallas, siguen perpetuando la idea de crecimiento ilimitado y desarrollo y progreso continuo. Estos mantras sostienen que la economía puede seguir creciendo al mismo tiempo que se reduce el consumo de energía y el impacto ambiental gracias al aumento de la eficiencia y a la innovación tecnológica, como si ambas cuestiones no dependieran así mismo de estos recursos escasos y finitos. Bajo este marco y estas lógicas, se nos emplaza a una cuarta revolución industrial que nos invita a seguir depositando nuestra fe en la ciencia y la tecnología en vez de afrontar la complejidad que supone impulsar un cambio cultural. Este cambio de paradigma debería garantizar, por el contrario, condiciones más justas y sostenibles para el conjunto de la población y el planeta, al mismo tiempo que nos permitiera superar nuestras propias limitaciones psicológicas y emocionales para comprender la envergadura del problema y las soluciones sistémicas que se deben proyectar.

La segunda parte del informe analiza, atendiendo a los diagnósticos señalados en la primera parte, los retos a los que nos enfrentamos en este cambio civilizatorio, así como los escenarios futuros hacia los que nos dirigimos. En este apartado señalamos que será nuestra capacidad de proyectar programas políticos, económicos y sociales alternativos al modelo actual la que determinará la forma en que se dará la inevitable reordenación social que está por venir.

Habrá una tensión hacia una crisis alimentaria ocasionada por la escasez energética en el marco de un modelo agroindustrial fuertemente petrodependiente, los efectos del cambio climático y los procesos de erosión del suelo. Cómo se resuelva esta tensión dependerá de si se ponen o no en marcha medidas encaminadas a la soberanía alimentaria, la reducción ordenada de la población vía emancipación de las mujeres y de apuesta masiva por la agricultura ecológica.

En relación a la distribución de la población, la habitabilidad de las ciudades se verá condicionada por cambios profundos en la movilidad y el transporte, por la dificultad para mantener las infraestructuras y suministros en un contexto de declive energético y caída de las cadenas globales de comercio, y por las graves dificultades para la gestión de residuos.

El sistema económico, condicionado por el declive energético, irá cayendo en ciclos de crisis y recuperación y en ningún caso volverá a la situación de etapas anteriores. Por el contrario, tendrá lugar una progresiva degeneración socioeconómica, donde los nuevos sistemas emergentes podrán oscilar entre los neofeudalismos o capitalismos regionales, y otros modelos de base solidaria, feminista y ecológica.

Los modelos de Estado y sociedad, irán perdiendo complejidad estructural y deberán hacer frente a los conflictos derivados del declive energético, el cambio climático y la crisis ecológica y de recursos, contando con cada vez menos ingresos y más gastos. A ello habrá que sumar la incapacidad de sostener unos servicios públicos de calidad universales. Este contexto podrá alumbrar neofascismos, aumentando las brechas del reparto de la riqueza y todo tipo de desigualdades sociales y ambientales. Pero también modelos con fuertes valores emancipadores, comunitarios y ecosociales, que nos ofrecerían escenarios de mayor justicia, equidad y sostenibilidad.

En el marco internacional es probable un descenso en la capacidad de gobierno global y una creciente regionalización. También un incremento de los flujos migratorios.

Analizando la disponibilidad de información y conocimiento, se plantean escenarios de pérdidas considerables, siendo necesarios planes de conservación y elección de aquellos conocimientos que nos sean más útiles para las sociedades post petróleo hacia las que nos dirigimos.

Por último, ante los proyectos vitales y relacionales de las personas y sus cuidados, nos encontramos de nuevo con escenarios que podrían oscilar entre estrategias individualistas, de competencia y dominación, o estrategias colectivas, comunitarias y cooperativas, que nos garanticen formas de vida más sustentables y acordes a nuestra naturaleza de interdependencia.

Finalmente, la tercera parte del informe lanza una serie de propuestas para la acción en este contexto que van encaminadas a generar políticas para la sostenibilidad ambiental y la justicia social. Estas propuestas están clasificadas en torno a los siguientes grupos sectoriales y atienden a un objetivo estratégico principal:

Recursos: con la puesta en marcha un plan multisectorial encaminado a un drástico descenso en el consumo material y energético, garantizando los consumos básicos para que toda la población goce de una vida digna. Se establece como meta que en 2030 la generación con energías renovables sea al menos del 45% y la reducción del consumo energético debería ser del 40% respecto a 1990.

  • Cambio climático: que propone la elaboración de estrategias multisectoriales con el objetivo de lograr un drástico descenso en las emisiones de gases de efecto invernadero, concretando en estrategias que reduzcan las emisiones españolas como mínimo un 5% anual hasta 2030 y un 10% entre 2030 y 2040, para alcanzar la descarbonización antes de 2050.
  • Biodiversidad: que requiere la aprobación de un plan de emergencia para detener la pérdida de diversidad biológica en 2020, asegurando la conservación de los procesos ecosistémicos de los que dependemos todos los seres vivos y adoptando los compromisos de la Estrategia Europea de Biodiversidad y las Metas de Aichi del Convenio de Diversidad Biológica.
  • Economía: a través de la promoción del desarrollo de una economía social, feminista y ecológica, que desplace a los mercados como eje analítico y de intervención política, desplazando del centro de atención los flujos monetarios y la creación de valor de cambio para priorizar los procesos de sostenibilidad de la vida.
  • Transporte y urbanismo: donde la propuesta hace imprescindible reconducir las políticas de infraestructuras básicas para ajustarlas a las necesidades reales de la población y a criterios de eficacia, ahorro de recursos e impactos y de equidad social, fomentando la accesibilidad frente a la movilidad.
  • Alimentación y salud: adaptando el modelo agroalimentario petrodependiente a un modelo de producción ecológica, local y a pequeña escala, primando la soberanía alimentaria de los territorios y estableciendo en el 30% los índices para 2020 de superficie dedicada a la producción ecológica, consumo interno de productos ecológicos locales y reducción en el uso de fitosanitarios de síntesis.
  • Paradigma cultural y educación: articulando sociedades con una visión biocéntrica y trabajar en torno a una educación para la sostenibilidad que propicie cambios en el modelos de desarrollo, los hábitos de consumo, la equidad de género y la participación.

En definitiva, este informe pretende contribuir al debate entre los diferentes actores e impulsar la toma de decisiones informada y democrática que nos ayude a planificar un futuro digno para las mayorías teniendo en cuenta los diagnósticos referidos y los escenarios posibles señalados.

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