Finanza/Deuda/Auditoría

CAPITALISMO NEOLIBERAL: UNA DEUDA IMPAGABLE

El FMI alerta de que la deuda mundial ha alcanzado el récord histórico de 157 billones de euros

Lagarde asegura que los aranceles de Trump empiezan a tener efecto en la economía global, cuyo crecimiento se verá ralentizado

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, ha advertido este lunes de que la deuda global ha alcanzado un nuevo récord, situándose en los 182 billones de dólares (157 billones de euros).

“La deuda global -ambas, la pública y la privada- ha alcanzado un récord histórico de 182 billones de dólares, casi un 60 % por encima de la registrada en 2007“, apuntó Lagarde en un discurso en la sede del FMI, en Washington.

La directora del FMI explicó que después de una década de condiciones financieras “relativamente fáciles”, los niveles de la deuda han alcanzado nuevos máximos en economías avanzadas, emergentes y en países con ingresos bajos.

Este contexto, según Lagarde, ha dejado a los Gobiernos y las compañías de alrededor del mundo “más vulnerables” ante un endurecimiento de estas condiciones financieras.

“Las economías emergentes y en desarrollo están ya sintiendo la presión a la vez que se ajustan a la normalización monetaria en el mundo avanzado”, apuntó.

Lagarde alertó, además, de que este proceso de ajuste “podría ser todavía más desafiante” si se acelera de manera inesperada, lo que podría causar correcciones de los mercados, fuertes movimientos de los tipos de cambio y un mayor debilitamiento de los flujos de capital.

De acuerdo a las estimaciones del FMI, las economías emergentes -excluyendo China- podrían afrontar potencialmente una deuda de hasta 100.000 millones de dólares.

El Fondo proyectó en julio un crecimiento global del 3,9 % para 2018 y 2019, aunque Lagarde adelantó hoy que los próximos pronósticos, que se darán a conocer en Bali (Indonesia) del 8 al 14 de octubre en la asamblea anual del Fondo y del Banco Mundial (BM), serán “menos brillantes”.

Guerra comercial

Lagarde también ha asegurado que el actual contexto de políticas proteccionistas desatado por EE.UU. ha empezado a tener efecto en la economía global, cuyo crecimiento se verá ralentizado, según las previsiones del organismo.

“Una cuestión clave es que la retórica se está transformando en una nueva realidad de barreras comerciales. Esto daña no solo al comercio en sí, sino también las inversiones y la industria manufacturera, a medida que la incertidumbre sigue creciendo”, señaló Lagarde en un discurso en la sede del FMI, en Washington.

Además, advirtió de que si las actuales disputas comerciales escalan “todavía más” podrían impactar a un rango de economías “más amplio”, incluyendo economías emergentes y en desarrollo.

A pesar del contexto de crecimiento, Lagarde avisó de que la primera potencia mundial, Estados Unidos, puede sufrir en el futuro efectos adversos de la reforma fiscal aprobada en diciembre por el presidente estadounidense, Donald Trump.

“Por ahora, Estados Unidos está creciendo fuertemente, apoyado por una expansión fiscal procíclica y por condiciones financieras cómodas -lo que puede convertirse en riesgo en un ciclo comercial en proceso de maduración”, aclaró.

La directora del FMI explicó que en otras economías avanzadas, como la zona euro y, en menor medida, Japón, “ya existen signos de desaceleración”.

Lagarde repasó también los desafíos que afrontan mercados emergentes y países de ingresos bajos, incluyendo las regiones de Latinoamérica, Oriente Medio y África subsahariana.

La deuda ingobernable

La deuda  global, pública y privada, se puede convertir en el gran motor de una próxima crisis económica de ámbito global. Lo acaba de subrayar el Fondo Monetario Internacional (FMI), que le ha puesto cifras al asunto, 157 billones de euros, es decir, unas 156  veces el tamaño del PIB español, que se dice pronto. Más preocupante aún es el  hecho de que la deuda global ha aumentado  en 18 billones de euros desde la pasada primavera, es decir, apenas seis meses atrás, lo que equivale a unos 3 billones de euros mensuales.  Las economías emergentes están en la base de buena parte de la aceleración de este aumento.

España tiene una deuda que solo en el caso de la contraída por el sector público  supera por poco el billón de euros. La deuda total española supera los dos billones de euros, cuando se incorporan las cifras del sector privado, en especial el empresarial, si bien  hay muchas empresas sólidamente implantadas en el exterior que cuentan con activos muy importantes y, por lo tanto, sitúan las cifras de deuda neta en niveles algo más tolerables. Una de las peculiaridades de la deuda española, pública y  privada, es el hecho de que en su mayor parte está contraída con extranjeros, lo que  en todo caso añade bastante vulnerabilidad a nuestra economía.

Es poco probable que los canales de financiación de toda esta deuda hagan crisis de forma súbita, pero los niveles a los que ha llegado el endeudamiento mundial, en especial el de algunos países, podrían poner en ciertos apuros las expectativas de crecimiento económico. Los niveles de deuda tienden a crear diferencias financieras entre los países y a provocar importantes oscilaciones entre los tipos de cambio, lo que  acaba por entorpecer el crecimiento económico.

Esa es una expectativa real a la que se enfrentan en estos momentos algunos países emergentes, aunque su impacto en España es menor.  Pero no insignificante.  Acaba por generar también problemas en  la economía  española debido al traslado a través de las empresas  nacionales  que tienen una amplia actividad en el exterior, como se ha visto y se está viendo en estos últimos meses en casos como el de Turquía, el de Brasil o el de Argentina, tres economías muy estrechamente relacionadas con el entramado empresarial español y a la postre con la economía española en su conjunto.

Desde un punto de vista teórico, el crecimiento del endeudamiento de las economías no debería proseguir, a menos al ritmo de estos años recientes, so pena de caer en un  estado de alto riesgo, ya que un endurecimiento de las condiciones monetarias acabaría por  llevar a algunos países a la bancarrota.  En estos años recientes, la situación se ha solventado gracias a las políticas fuertemente expansivas de los bancos centrales, colocando en niveles nulos e incluso negativos los tipos de interés. Pero esa misma estrategia de expansión monetaria, cuya finalidad ha sido estimular el crecimiento económico, está en trance de agotamiento. En Estados Unidos ya está incluso en fase de  retorno, con los tipos de interés al alza. Europa no tardará mucho, quizás menos de un año, en iniciar esa etapa.  Y con tal perspectiva, el sostenimiento de altas tasas de deuda va a ser cada vez más complicado. Es una amenaza a plazo fijo que no tardará más de un año en ponernos ante nuevos dilemas económicos.

Fondo Monetario alerta sobre el histórico récord de la deuda mundial

La directora gerente del organismo anticipa una ralentización del crecimiento global.

Por: Luis Doncel – El País

 

02 de octubre 2018 

El Fondo Monetario Internacional (FMI) anticipa tormenta. Antes de inaugurar la cumbre de la próxima semana en Bali (Indonesia), la organización muestra su inquietud ante la marcha de la economía internacional en los últimos meses y, sobre todo, lo que puede ocurrir en los próximos.

En un discurso pronunciado en Washington, la directora gerente del organismo, Christine Lagarde, no se ha preocupado solo por la ralentización de la economía –el PIB global crecerá menos que el 3,9 por ciento que pronosticaba hace solo tres meses–, sino por unos peligros que hasta hace poco parecían hipotéticos y que ahora están materializándose.

Lagarde también alertó sobre un problema que en realidad nunca dejó de existir, pero ahora parece más presente que nunca. La deuda global –tanto pública como privada– encadena récord tras récord. Según calculan los economistas del Fondo, ya alcanzó los 182 billones de dólares. Más o menos el equivalente a 156 veces el PIB español. Desde su informe de la primavera pasada, la cifra aumentó en 18 billones de dólares.

El monstruo de la deuda no deja de crecer. Supera ya en un 60 por ciento el nivel de 2007, un año antes de que la Gran Recesión llegara con toda su virulencia para cambiar el mundo. Y esta cifra es más preocupante ahora que la época de estímulos monetarios por parte de los grandes bancos centrales parece haber llegado a su fin.

Las economías emergentes y en desarrollo ya están notando el pinchazo mientras se adaptan a una normalización monetaria en el mundo avanzado.

Hay abruptas correcciones en el mercado: “Gobiernos y empresas son ahora más vulnerables a un endurecimiento de las condiciones financieras. Las economías emergentes y en desarrollo ya están notando el pinchazo mientras se adaptan a una normalización monetaria en el mundo avanzado”, asegura Lagarde en Washington. Por si fuera poco, esta situación puede ir a peor. Porque en el FMI pronostican abruptas correcciones en el mercado y en los tipos de cambio si el proceso de endurecimiento de las condiciones financieras continúa yendo más allá.

Lagarde comenzó su intervención con las buenas noticias: el mundo sigue creciendo al ritmo más alto desde 2011, el desempleo sigue cayendo en la mayor parte de los países y el porcentaje de personas que vive en pobreza extrema ha alcanzado un nuevo mínimo, por debajo del 10 por ciento de la población mundial. Son sucesos importantes, sí, pero las alegrías acaban aquí. Porque, según afirma la jefa del Fondo, “el clima de la economía global está empezando a cambiar”.

Si un año atrás Lagarde recomendaba aprovechar la buena racha para hacer reformas –“El sol brilla. Arreglen el tejado”, decía–, y hace seis meses advertía de los nubarrones en el horizonte, ahora reconoce que los riesgos que veía entonces “han empezado a materializarse”.

Y, como ya han advertido el FMI y diversas instituciones en otras ocasiones, el mayor riesgo es el desencadenamiento de una guerra comercial. El problema es que este ya no es un peligro hipotético, sino que, en palabras de Lagarde, “la retórica está mutando en una nueva realidad de barreras comerciales efectivas”. Estas no solo dañan el comercio, sino también la inversión y la industria, que se ven perjudicadas por unas incertidumbres al alza, dijo la directora gerente del FMI.

Por ahora, entre las economías desarrolladas, los más afectados por este nuevo clima de descontento son la eurozona y Japón. Mientras, EE. UU., el auténtico desencadenante de esta nueva oleada proteccionista, parece estar resistiendo mejor el vendaval en principio, gracias a la reforma fiscal expansiva de la administración Trump.

LUIS DONCEL
Ediciones EL PAÍS

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