Paraisos Fiscales

El club privado de los paraísos fiscales

El club privado de los paraísos fiscales

Una llamada y 1.000 euros bastan para acceder a servicios y ventajas de estos territorios

Publicado en cincodias.elpais.com

El grupo de países conocidos como paraísos fiscales es perfectamente comparable al funcionamiento de un club privado, que dispone de muchos locales (o territorios) repartidos por todo el mundo y al que solo pueden acceder determinadas personas (delincuentes, defraudadores y corruptos) para fines muy concretos (fraude fiscal y blanqueo de capitales).

Dónde están los locales. Este club cuenta aproximadamente con unos 50 locales repartidos a lo largo de todo el mundo. Sus servicios se pueden utilizar en Europa, en EE UU, en el Caribe, en el sudeste asiático o en algunas de las recónditas islas paradisiacas con las que todos soñaríamos para pasar unas maravillosas vacaciones. Pero los clientes que utilizan este club no piensan en vacaciones, sino en utilizarlo para otros fines muy diferentes.

Qué servicios prestan. El objetivo principal de este club es mantener oculta la identidad de los que utilizan sus servicios, para lo que usan cuentas bancarias secretas para depositar el dinero, o crean sociedades para operar en todo el mundo, sin que nadie sepa, en ambos casos, quiénes son los titulares reales de esos bienes.

Cómo se entra en el club. Las invitaciones para ingresar en el club las ofrecen los grandes bancos mundiales, reputados despachos de asesoramiento legal y fiscal, y los despachos profesionales situados en los propios locales (territorios). El cliente encuentra en ellos especialistas que dan satisfacción a todas sus necesidades (fraude y blanqueo), incluido el traslado de dinero mediante transferencia bancaria y utilizando métodos en los que su titular no figura en ningún sitio. Algunos bancos exigen tener un mínimo de medio millón de euros para poder tener acceso a su sala vip (banca privada). Basta con hacer una llamada de teléfono y en tan solo un par de días, y con un coste inferior a 1.000 euros, el cliente dispone de los instrumentos adecuados (sociedad offshore y cuenta secreta) creados en uno de los locales (territorios), a nombre de un testaferro (profesional establecido en el territorio).

Ese testaferro u hombre de paja es el que va a figurar como titular del dinero y de los bienes. Si además se tiene que sacar el dinero de España, un millón de euros, por ejemplo, solo sería necesario hacer una llamada telefónica y un profesional viene a visitarnos a nuestro domicilio, recoge el dinero, expide el resguardo del ingreso y, de inmediato, con la utilización de las nuevas tecnologías e internet, el dinero está en uno de estos locales (paraísos), fuera de cualquier control fiscal, policial o judicial. Para dar más seguridad es frecuente utilizar cadenas de sociedades situadas en locales diferentes (territorios) que imposibilitan conocer al verdadero titular de los bienes, salvo que haya una fuga de información, como ya ha ocurrido en varias ocasiones en los últimos años.

Quiénes son los clientes. Este club tiene muchos clientes, de naturaleza muy diferente. Los paraísos fiscales fueron utilizados ya por los mercados en la grave crisis financiera que se produjo en el año 2009 para enmascarar los productos tóxicos que se ofrecían a los inversores. Lo utilizan los corruptos y los delincuentes para ocultar las ganancias procedentes de sus actividades delictivas; los terroristas, para financiar sus actividades; los defraudadores, para no pagar impuestos, y también son de uso frecuente por las grandes multinacionales en su planificación fiscal abusiva, para lograr, con ello, una nula tributación de sus beneficios a nivel mundial.

Pero no solo las grandes empresas multinacionales, corruptos y delincuentes son clientes de este club privado, sino que lo utilizan, además, artistas, deportistas, miembros de la realeza y titulares de grandes fortunas. Nunca figurarán, sin embargo, entre sus clientes los trabajadores, pequeños empresarios o profesionales.

Su eficacia. El club cumple a la perfección el objetivo de ocultar la identidad de sus clientes, por lo que, en la mayoría de las ocasiones, fracasan las investigaciones judiciales, policiales y no digamos las fiscales, para saber quién es el titular real de los bienes ocultos en esos territorios. Los únicos datos que se conocen de vez en cuando obedecen a casos de filtraciones o robos de información.

Cuando algo así ocurre, aumenta la indignación ciudadana, y los organismos internacionales y dirigentes mundiales se ven obligados a hacer declaraciones y efectuar promesas para terminar con su utilización. Sin embargo, cuando pasa el escándalo, las medidas no se aprueban, o simplemente se aprueban algunas que son meras cortinas de humo, pero que no atacan el problema de fondo.

Su futuro. La circunstancia más relevante de los últimos escándalos publicados, los conocidos como papeles de Panamá y los papeles del paraíso, es que en esas listas han aparecido, además de los clientes habituales, centenares de políticos, familiares y allegados de los países más poderosos de la tierra. Así pues, resulta muy difícil que los clientes que utilizan habitualmente el club de los paraísos adopten medidas verdaderamente eficaces para terminar con su utilización. Quizás por ello, ni los mandatarios del G-20, ni la OCDE, ni tampoco la propia Unión Europea han puesto encima de la mesa medidas eficaces para terminar de una vez con esta lacra.

Son tantos los escándalos conocidos en los últimos años –ninguno de ellos como resultado de investigaciones de los propios Estados – que va a resultar difícil que en el futuro se pueda seguir engañando a los ciudadanos, y es posible que los organismos internacionales y la propia Unión Europea se vean forzados a adoptar medidas para cerrar este club privado, aunque hayan demostrado hasta ahora su nula voluntad para ello.

José María Peláez Martos es Inspector de Hacienda del Estado

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