Educación ciudadana

Los prolegómenos del Mayo del 68 francés: El “Movimiento 22 de Marzo”

Los prolegómenos del Mayo del 68 francés: El “Movimiento 22 de Marzo”

Sin Permiso
Hace cincuenta años, 150 estudiantes se encerraban en la Universidad parisina de Nanterre y constituían el “Movimiento 22 de Marzo”. La historia de como se llegó a este encierro y como se convertiría en la chispa que haría estallar el Mayo del 68 francés la recogieron poco después en un libro, “Mayo del 68: Un ensayo general”, dos de los protagonistas de aquellos acontecimientos: Daniel Bensaïd y Henri Weber. El paso del tiempo muestra inclemente todas las limitaciones de los análisis de la época, pero no obvia la importancia del testimonio “en caliente” de lo que pensaba un sector significativo de los jóvenes revolucionarios del Mayo del 68 francés. De ese libro hemos extraido una serie de capítulos sobre como nació el “Movimiento 22 de Marzo”. SP

Movimiento estudiantil antiguo y nuevo

Durante mucho tiempo, los estudiantes militantes de vanguardia, preocupados por la difícil dialéctica de las relaciones entre partido y sindicato, se esforzaron en calcar en la UNEF el modelo de los sindicatos obreros. Ese mimetismo estrecho, víctima del vocabulario y a veces de los esquemas estalinianos, trataba de confirmar a la vanguardia en su papel. Se habla de huelga, de lucha sindical, más por voluntad de identificación que por afán de análisis.

En verdad, la UNEF captó la atención de las masas en función de acontecimientos políticos sucedidos fuera del campo universitario. Durante la guerra de Argelia, mientras el PC caía en el oportunismo más adocenado, la UNEF pasaba, al contrario, de asociación corporativa, conservatorio del folklore estudiantil, a la organización política de masas, gracias a la firmeza de sus posiciones.

Acabada la guerra de Argelia, algunos dirigentes de la UNEF, cuidando de evitarle las fluctuaciones de la coyuntura internacional y de darle una plataforma permanente de acción, idearon una línea y una ”pedagogía” sindicales, partiendo de los intereses universitarios de los estudiantes para inducirlos, sin apriorismo político, a entender la función social de la universidad burguesa. Como el todo determina la parte, esa función era perceptible en el contenido y los métodos de enseñanza, y de ahí debía salir la impugnación.

Entró entonces la UNEF en un periodo de estancamiento y hasta de deterioro. Fuera de toda lucha, era el momento de interminables debates escolásticos sobre la virtud revolucionaria, ”no integrable”, de tal o cual consigna. La UNEF se convertía en el refugio de los militantes de vanguardia que habían roto con la UEC. Allí no podían hacer otra cosa que rumiar un programa revolucionario para el movimiento estudiantil y comprobar la incompatibilidad de ese programa con el reformismo del movimiento obrero. Pensando que la UNEF era un sindicato no se podía pensar en enlazar las luchas estudiantiles y las luchas obreras sino en términos de intersindicalismo. O sea partiendo de ”problemas comunes” considerados como temas de conexión: el empleo, la formación, el seguro social. Además, desentrañar las raíces económicas comunes a las luchas obreras y estudiantiles parecía propio del marxismo más ortodoxo…

El vicio de razonamiento, como hemos visto, reside en el postulado inicial que concibe a la UNEF a imagen y semejanza del sindicato obrero, la politización progresiva de los estudiantes a partir de sus intereses económicos, a imagen y semejanza de la politización de los obreros. Sin embargo, la UNEF, como ”organización de defensa de los intereses homogéneos de los estudiantes”, pronto deja ver su incoherencia. No puede reducirse el conjunto de los estudiantes a un factor común: su presencia en la Universidad. Eso sería mutilar la complejidad de su posición. No todos tienen el mismo origen, y sobre todo no todos tienen el mismo porvenir. Sin embargo, en todas las facultades y en todas las disciplinas se halla la bipartición del movimiento estudiantil en ”derecha” e ”izquierda”. La verdad es que la clave del movimiento estudiantil se halla en otra parte que en la Universidad: en el contexto político general.

Muy pronto se ve que la UNEF no constituye ya la estructura de movilización de masas del estudiantado. La nueva generación estudiantil ha llegado a la política en un contexto específico, nacional e internacional, muy diferente del contexto de 1962. Su marco de referencia política está por ello considerablemente cambiado. En particular, la nueva generación estudiantil no comparte el mimetismo estrecho de las mayores respecto de las organizaciones obreras. Su rebeldía política no está expresada en el diario y rutinario ajetreo de la actividad ”sindical”. Su voluntad de acción, de réplica, de debate, no se halla a gusto en las estructuras sindicales, propicias a las emboscadas de tendencias, a las batallas de mociones, a las maniobras en los pasillos. La organización sindical, la clase de conflictos que implica, la práctica militante que permite, no responden ya a lo que esperan los estudiantes.

En el marco del reflujo, ese estado de hecho se manifestaba simplemente por la desafección masiva. En el contexto general de incremento de las luchas, se manifiesta por la aparición espontánea de nuevas formas de organización. Los comités de acción de las secundarias rechazan ya categóricamente el juego del sindicato. Los CAL no quieren ser una sección sindical de la secundaria; se afirman inmediatamente como organización política que agrupa a los estudiantes de secundaria de extrema izquierda que están de acuerdo con cierto tipo de acción. El nuevo movimiento estudiantil se forma en Nanterre en la primavera de 1968. En rebeldía ante las estructuras ”sindicales”, es de la misma naturaleza que los movimientos berlinés o italiano. Los dos movimientos estudiantiles, la UNEF y el ”22 de Marzo” coexisten algunos meses, sin entenderse. Y a principios de mayo, el ”22 de Marzo” va a París.

El modelo nanterrés y el ”22 de Marzo”

Durante el año, la prensa ha tratado de exorcizar el ”fenómeno nanterrés” presentándolo como una excentricidad casi exótica; en cuanto a la estación de la ”Folie” (Locura), servía para sugerir una sombría fatalidad procedente de lo más recóndito de la historia. La facultad de Nanterre, de construcción reciente, no tiene tradiciones, ejemplos ni rodajes bien rodados; en ese terreno privilegiado, las luchas estudiantiles recorrieron en un año, con una pureza que nos deja estupefactos retrospectivamente, la evolución política tipo.

La escalada reivindicativa y sus callejones sin salida

No es posible comprender el ”22 de Marzo” sin volver a la ”gran huelga” reivindicativa de noviembre de 1967. Mientras una semana antes, en un mitin de la UNEF se congregaban 500 personas, la huelga partió de la base, casi espontáneamente. Dos grupos de TP (Trabajos Prácticos) de primer año del segundo ciclo de sociología suspendían las labores ante la incoherencia de las equivalencias. Los militantes que habían puesto en marcha el movimiento recorrían la sección de Ciencias Humanas, y pronto se extendía el movimiento como una mancha de aceite. La UNEF, embrionaria y balbuciente, quedaba subsumida. Diez mil estudiantes estuvieron ausentes de los cursos durante ocho días, para organizarse sobre el terreno y elaborar cuadernos de reclamaciones.

La plataforma reivindicativa era políticamente modesta: revisión de las equivalencias, máximo de 25 estudiantes por grupo de TP para conseguir un encuadre pedagógico decente, oposición al control administrativo de la asiduidad, más reivindicaciones materiales relativas a la biblioteca y la piscina… Una plataforma tan poco ambiciosa, tan razonable incluso iba a poner al descubierto lo que era el mecanismo administrativo cuando se planteaba el problema de la negociación en los diversos niveles.

En el nivel de la disciplina, los delegados de TP elegidos se reunían con los profesores; en el nivel de la facultad, un comité de huelga en el que había sindicados y no sindicados se reunía con la asamblea de facultad. Algunos de los profesores más avanzados pensaban hacer de esas comisiones paritarias ejemplos de renovación de la Universidad, capaces de quitar peligrosidad al movimiento y de integrarlo. Pero hubiera sido necesario tener algo que negociar…

En un artículo de Le Monde se quejaba el sociólogo Touraine de la centralización del poder y pedía que los centros de decisión se desmultiplicarán con el fin de que las comisiones paritarias pudieran tomar en consideración las reivindicaciones estudiantiles y tuvieran algo con qué tratar; porque sin eso resultarían ellos impotentes, inútiles, y lanzarían el movimiento estudiantil hacia otras soluciones. Sin poder y sin medios, cada ”responsable” se escudaba en su superior jerárquico. La escalada reivindicativa debía pasar por el consejo de sección, el consejo de facultad y el decano para llegar a aplastarse, ya sin aliento, contra el todopoderoso ministerio, atrincherado fuera del alcance del ghetto nanterrés.

Desde ese momento una sencilla lógica de sentido común, aunque fuera aristotélica, escolástica, universitaria y no dialéctica, permitía sacar las dos grandes lecciones de aquel asunto.

a) El movimiento reivindicativo se había atascado tras haber obtenido satisfacción en algunos puntos mínimos. Argumentando con las estadísticas oficiales, con los imperativos a breve plazo de la economía, con gallos de pelea, con V Plan y reglamentos, el ministerio (el Estado) respondía ‘niet’ en lo esencial. De donde deducían los más avisados que el problema era ”en última instancia un problema político”: el de la elección (por la burguesía) de los objetivos prioritarios de la economía (capitalista) a que debía subordinarse la Universidad. O bien se inclinaba uno ante la razonable argumentación del ministerio (y muchos estudiantes lo hicieron así, porque veían en ello la expresión de ”sus intereses bien comprendidos”) o bien rechazaba el principio último (el beneficio capitalista) que le asestaban y cavilaba cuáles serían los medios de la lucha, consciente ya, en el terreno político donde se planteaba a todas luces.

b) De esta primera lección se deducía una segunda: luchar políticamente contra las prioridades capitalistas del gobierno significa luchar junto a la fuerza realmente resuelta a derribar el sistema, o sea la clase obrera. Pero la clase obrera no es una esencia metafísica, y se manifiesta por medio de sus organizaciones. Ahora bien, las directivas obreras actualmente reconocidas por las masas no tienen por objetivo derribar el sistema sino ser admitidas en él. Todavía lo probaban al día siguiente de la huelga de Nanterre replicando (tardíamente) a las ordenanzas… con el 13 de diciembre.

Se planteaba aquí dolorosa y concretamente el problema de la conexión entre las luchas estudiantiles y las obreras: para derribar la universidad burguesa es necesario luchar junto a las organizaciones obreras contra la sociedad capitalista en su conjunto; pero las organizaciones obreras… La huelga presentaba claramente la gama de las posibilidades:

—O bien la UEC es lo bastante fuerte para ponerse a la cabeza de las luchas estudiantiles y reintegrarlas al seno de las fuerzas democráticas. Pero la UEC es débil…

—O bien las direcciones obreras vuelven de repente a ser revolucionarias y reconocen a las vanguardias estudiantiles como posibles interlocutoras. Pero esto es prestidigitación, no política…

—O bien, fieles a una línea teóricamente justa de acuerdo con el incremento de las luchas obreras, los militantes tratan de practicar, dentro de la lógica ”sindical”, el intersindicalismo a partir de temas convergentes, como la oposición a la rentabilidad capitalista de la Universidad y el derecho a una instrucción polivalente y completa. Y aquí, el margen de maniobra es escaso y casi paralizante…

—O bien el movimiento estudiantil se desarrolla según su propia dinámica de impugnación de la universidad burguesa y de la sociedad capitalista… con riesgo de aislarse de las ”masas”, ”del pueblo”, de las ”capas laboriosas” y de sus organizaciones. Entre el callejón sin salida y el círculo vicioso, los hechos, de tiempo atrás muy tercos, ayudaron a decidir.

El segundo aliento

El reflujo no se los llevó a todos. Los militantes nacidos con la huelga y que la sobrevivieron se interrogaban, deseosos de asegurar la continuidad del movimiento. Y como el fuego oculto acaba por asomar en algún lugar, el segundo trimestre del año universitario estuvo constantemente sembrado de leves escaramuzas.

El final de la huelga se había señalado por una anécdota que hacía adivinar los acontecimientos ulteriores. En una asamblea deliberativa a que asistía el comité estudiantil de huelga, H. Lefebvre declaró que en el debate había trampa, ya que en el mismo momento en que se discutía con los estudiantes se hacían a espaldas de ellos ”listas negras”. El decano Grappin respondió que aquello de las listas negras era una fábula. Y H. Lefebvre: ”Si es una fábula, uno de los dos es un mentiroso. ¡Pido un jurado de honor! ” A lo cual repuso un profesor de historia, reaccionario lleno de celo: ”La actitud de H. Lefebvre demuestra que fue él quien fomentó la huelga.” y H. Lefebvre: ”No tuve ese honor, señor.”

El incidente quedó así. Pero la idea de represión policiaca se abrió camino entre los estudiantes. En enero, en la inauguración de la piscina, Cohn-Bendit interpelaba a Misoffe acerca del libro blanco de la juventud, y el ministro respondía como un vulgar fascista… con amenazas a Cohn- Bendit de expulsión del territorio francés. El 29 de enero, los militantes replicaban exponiendo en los vestíbulos de la facultad tableros con fotos de la represión donde figuraban entre otras esas caricaturescas figuras con sombrero flexible que recorren los pasillos de la facultad. Fue entonces cuando el decano Grappin cometió su garrafal desacierto: envió a la facultad dos camiones de polizontes para ilustrar en carne, hueso y uniforme el concepto abstracto de represión policiaca. Los sacaron vigorosamente de los edificios a bancazos, y del terreno de la Universidad a pedradas y estacazos.

Pero fue la detención de Xavier Langlade y de varios miembros del CVN, después de la incursión del 20 de marzo contra el ”American Express”, la que sacó a la luz pública este proceso oculto de maduración. El 22 de marzo, para exigir la libertad inmediata de Xavier Langlade, los militantes se apoderaban de la emisora central de la facultad, pintaban consignas en las paredes interiores, organizaban varios mítines durante el día y terminaban ocupando en la noche la gran sala del consejo de facultad. Y allí, 142 de los 150 participantes votaban un día de acción para el viernes 29, que consistiría en reemplazar los cursos por debates sobre:

— luchas antimperialistas,
— luchas estudiantiles, luchas obreras,
— luchas estudiantiles en las democracias populares, — universidad y universidad crítica.

El jueves 28, cuando se estaba en plena preparación para el día siguiente, el decano anunció solemnemente por micrófono la suspensión de los cursos por dos días. (Su primera intención había sido cerrar por completo la facultad, pero el ministro Peyrefitte se había negado… por quedar bien…) Inmediatamente se celebró un mitin espontáneo en que los residentes, que ya habían abolido de hecho hacía más de un mes el reglamento interno de la ciudad universitaria acerca de la libertad de circulación por los cuartos y de la libertad de expresión, ponían sus locales a disposición del movimiento para que en ellos se celebrara la jornada prevista de debates.

El viernes 29, quinientos estudiantes participaban en esos debates en un ”campus” desierto, estrictamente vigilado por dos columnas de CRS (Compañías Republicanas de Seguridad). Y como hacía buen tiempo, se esparcieron por los prados.

Aquella jornada era ya un éxito y demostraba que el puñado de ”exaltados” no estaba tan aislado como querían dar a entender. Además, el nivel político de las comisiones revelaba una politización que ninguna estructura existente hasta entonces había permitido expresar. Pero el objetivo no se había logrado todavía: se intentaba presentar la expresión política como un accidente anormal en la vida de la Universidad, mientras nosotros queríamos que se desarrollara en las condiciones normales, cotidianas de la facultad. De ahí la organización de una nueva jornada, el martes 2 de abril, en que se vieron desde las 10 de la mañana y en presencia de K. D. Wolff, presidente de la SDS, 1 200 estudiantes, amasados en un anfiteatro, canturreando ”;Che! ¡Che! ¡Guevara! ” y ” ¡Ho! ¡Ho! ¡Ho Chi Minh! ”, y dispuestos a defender su jornada contra los fascistas, la policía y la administración. Hubo un instante en que se quedaron sin luz; la administración, ante la amenaza de represalias si no la restablecían en cinco minutos, se apresuró a obedecer. Y la jornada fue otro éxito.

Tal es el resumen, por desgracia privado de la buena presentación estilística y las anécdotas que le dan sabor, de los acontecimientos que dieron origen al ”22 de Marzo”.

Las primeras enseñanzas del ”22 de Marzo”

a. la libertad política

La consecuencia inmediata de la movilización de marzo en Nanterre fue la instauración, gracias a una relación de fuerzas determinada, de la libertad de expresión política en el seno de la facultad… Las buenas conciencias se indignaban entonces de las pinturas murales, y nosotros respondíamos que los carteles pegados en las paredes los destrozaba la administración, y las pinturas, no. Cuando tuviéramos libertad de expresión, los periódicos murales reemplazarían a los ”graffiti”.

El decano Grappin acabó por ceder ante el hecho consumado. Al tolerar explícitamente la libertad de expresión política en la facultad creaba un precedente nacional susceptible de hacer escuela. Y precisamente en un momento en que la burguesía, consciente del peligro, hacía cuanto podía por sofocar el menor germen de agitación en la juventud escolarizada (como por ejemplo, en el asunto del Condorcet).

b. el modelo organizativo

En Alemania, la SDS representa una corriente política de masas donde tienden a diferenciarse familias políticas. En Francia, las familias políticas están ya estructuradas y se neutralizan en el tablero de la UNEF, transformando cada asamblea general en un interminable concurso radiofónico popular. En Nanterre, por el contrario, se ha constituido un movimiento de masas en que participan muchos elementos no organizados y algunos grupos (principalmente ”anarquistas” y JCR) a costa de concesiones recíprocas y sobre la base de una experiencia política común que es el punto de partida en el debate, sin que sea cuestión previa para la acción el acuerdo sobre una ”línea”.

En ese movimiento, los militantes realizaban la experiencia de la democracia directa, los ”no organizados” censuraban el sólito afrontamiento intergrupuscular, de modo que se produjo un desvanecimiento de las fronteras que separaban a los grupos, y sobre todo un ensanchamiento considerable de la esfera de influencias de los militantes vanguardistas. Eso era lo que no habían previsto ni el gobierno ni el PC. Tal cosa se hizo posible en un periodo de intensificación de las luchas:

— por el consenso de los grupos de vanguardia no sectarios dispuestos a ver el interés del movimiento antes del suyo propio;

por el fenómeno de autocensura de masas.

Pero en el periodo de reflujo, con la deserción de los no organizados o su adhesión a un grupo dado, el movimiento tiene tendencia a estallar o a grupuscularizarse, como lo confirma la evolución del ”22 de Marzo”.

En un primer tiempo no puede tener línea ni dirección. No puede tener dirección porque no está estructurado (la estructuración se efectúa progresivamente en forma de equipos o comisiones), porque la dirección no podría entonces ser otra cosa que la emanación de un grupo hegemónico o de un acuerdo entre grupos, lo que en ambos casos es como quebrantar el movimiento por la exclusión de los no organizados. No puede tener línea porque la línea emerge lentamente, ”por la acción”, de los debates en comisión, sin que ninguna de las líneas competidoras pueda imponerse totalmente.

Lo que funda entonces la unidad de tal movimiento es el acuerdo sobre un tipo de acción más que sobre tesis políticas. Las mismas siglas del ”22 de Marzo” son reveladoras, porque aluden a una intervención precisa y no a un contenido político. En un periodo de reflujo provisional, cuando se requieren perspectivas a mediano o largo plazo, ”la preeminencia de la acción” que al principio fue la que dio al movimiento éxito y excelencia, lo conduce al activismo sin debates, porque es el único modo de conservar artificialmente su unidad.

c. la universidad crítica

Jamás fue ambiguo el debate en Nanterre acerca de la función de la ”universidad crítica”. No se trata de declarar que la clase obrera ya no existe, de hacer de la Universidad el campo de la lucha de clases en forma de conflicto entre educador y educado, de fundar, so pretexto de universidad crítica, una universidad socialista, alternativa de la universidad burguesa. La universidad crítica en cuestión no es una institución sino un hogar y un proceso permanente de agitación según el principio ”de la impugnación de la universidad a la impugnación de la sociedad capitalista”. Para los estudiantes en lucha está claro que no transformarán la Universidad, que esa transformación depende de la del conjunto de la sociedad por la acción revolucionaria de la clase obrera.

Lo que queremos es que en la universidad crítica la política no se evacúe con poco gasto en forma de mociones rápidamente olvidadas. En los primeros días del movimiento de Nanterre se produjo un evento ejemplar al respecto. Unos sesenta estudiantes invadieron un coloquio de profesores de español para pedirles que tomaran posición acerca de la lucha de nuestros camaradas españoles. Los profesores, con mucha indignación paternalista, les explicaron que en diversas ocasiones, en sus congresos, sin esperarles a ellos, habían votado mociones que… etc. Pero no se trataba de eso. Eso era desembarazarse un poco a la ligera de la política. Pedir cuentas a esos profesores no era una simple medida terrorista. Se trataba de probar que en Nanterre no toleraríamos que se hablara de España en una sala adornada con banderas franquistas y carteles que ensalzaban el turismo en Andalucía sin tomar posición en favor de nuestros camaradas encarcelados por el régimen franquista.

Arrancamos carteles y banderas. En la universidad crítica, cada evento en el seno de la facultad debe ser ocasión para una intervención política.

Después de la huelga reivindicativa de Nanterre nos preguntábamos: cuando no existe un partido revolucionario y cuando un partido socialdemocratizado pero poderoso tiene todavía la confianza de la clase obrera y sigue siendo su portavoz, ¿qué puede hacer el movimiento estudiantil? ¿Someterse’? ¿Suicidarse?

El ”22 de Marzo” decidió que escoger una de las dos respuestas sería aceptar responder al problema en los términos legados por el PC. La imagen de la capa pequeñoburguesa indecisa entre la burguesía y el proletariado es aquí insuficiente. No comprendemos el estalinismo como un fenómeno cuyas consecuencias no obrarían sino dentro de los límites de las organizaciones estalinianas. Si es cierto que desde hace tiempo están archimaduras las condiciones para la revolución; si es cierto que únicamente la clase obrera dirigida por un partido revolucionario puede resolver las contradicciones del imperialismo y el capitalismo mediante una transformación radical de la sociedad de todo el mundo, la capacidad o la incapacidad de sus direcciones para resolver esas contradicciones es la que determina el conjunto de la sociedad. El estalinismo ha aplastado durante cuarenta años a la clase obrera y sus posibles aliados en el campo teórico e ideológico.

En esas condiciones es natural que el dominio ideológico del estalinismo sea destruido en sus eslabones más débiles. Y el movimiento estudiantil, como permitía suponerlo la experiencia del PUA, es uno de esos eslabones preferidos, uno de esos puntos de desequilibrio coyuntural donde son rechazados conjuntamente la sociedad capitalista y el movimiento estaliniano.

La actitud del poder: del ”dejar hacer” a la represión directa

El 9 de noviembre de 1967, importantes personajes del Ministerio del Interior presenciaban la operación del cierre del Barrio Latino. Desde su punto de observación pudieron medir de visu las transformaciones que se operaban en el movimiento estudiantil. Unos meses después confesarían hasta qué punto les había impresionado la organización y la combatividad de los manifestantes. La manifestación antifascista del 7 de febrero de 1968, organizada por los CVB en respuesta a un mitin del ”Frente Unido pro Vietnam del Sur”, confirmó sus temores. Su periódico habitual los tenía al corriente de las ”increíbles violencias” que agitaban las universidades italianas, españolas, belgas, alemanas… Las consignas fueron, pues, estrictas: evitar toda medida susceptible de precipitar la erupción del volcán universitario…

Los guardias móviles volvieron a sus largos camiones enrejados. Durante cerca de ocho meses, la Prefectura de Policía se las ingenió para reducir lo más posible el contacto entre movimiento estudiantil y agentes de policía. Aparte de algunas ”torpezas”, en torno a los barrios universitarios se hizo el vacío. Hecho sin precedente, la libertad de manifestación se restableció tácitamente incluso en el Barrio Latino.

El 21 de febrero, el 14 de marzo y el 19 de abril, varios millares de estudiantes recorrían despaciosamente el centro de París sin ver un solo uniforme policial. Las autoridades lo tomaban con calma, porque vendría la bendita época de los exámenes, en que toda aquella gente abandonaría las facultades y los ”campus” para entregarse al estudio intensivo. La calma volvería a los distritos universitarios. Con el tiempo, la generalización de la Reforma permitiría lograr la calma definitiva, y el grano quedaría separado de la cizaña.

Vino el tercer trimestre, mas no la calma esperada. A la vuelta de las vacaciones de Pascua, el ”22 de Marzo” no se desmoronaba. Al contrario, su actividad se ampliaba y empezaba a inspirar a los estudiantes de provincia. En la mayoría de las ciudades universitarias se desarrollaban manifestaciones de solidaridad con Rudi Dutschke y la SDS. En Toulouse había aparecido un movimiento del ”25 de Abril”, por el estilo del ”22 de Marzo”. En Marsella, en Estrasburgo, en Caen, en Besanzón se gestaban movimientos del mismo tipo. En la Sorbona se implantaban poco a poco las nuevas formas de organización y de lucha. Unos ex militantes de la ”izquierda sindical” fundaban el MAU (Movimiento de Acción Universitaria), microgrupúsculo sin público, pero iniciador de una propaganda chistosa y provocativa contra los exámenes. La campaña del MAU tuvo la virtud de hacer perder la cabeza a la administración, que persuadida antes de que la proximidad de los exámenes calmaría la agitación, veía ahora que era la agitación la que ponía en peligro los exámenes. Ya no cabía la paciencia. Había que reaccionar, y pronto. A fines de abril cambió la actitud de las autoridades, que abandonaban su prudencia inicial y se disponían a aplastar a los agitadores. El 28 de abril detenían a Daniel Cohn-Bendit. En una publicación mimeografiada, el movimiento del ”22 de Marzo” había dado la receta del coctel Molotov. Se abrió un proceso contra X. Inmediatamente, los representantes de las organizaciones de extrema izquierda (”22 de Marzo”, JCR, UJCml, FER, ESU, UNEF y otros varios) se reunieron para preparar la respuesta. Cohn-Bendit, puesto en libertad tras unas cuantas horas de interrogatorio, participaba en la reunión. La inconsistencia del expediente hacía que la información judicial se interrumpiera. La discusión se limitaba, pues, a un intercambio de opiniones, por lo general poco ameno, acerca de la naturaleza de la represión y los modos de contestar. No tardó en darse el inevitable altercado entre delegados de la FER y de la UJCml, y éstos dejaron la sala. De todos modos se decidió lanzar una campaña política contra la represión, campaña que debía ser esencialmente ofensiva. Según una propuesta del MAU se decidió editar un anuncio manuscrito en que se denunciaba la poca tecnicidad del procedimiento de fabricación del coctel Molotov propuesto por el ”22 de Marzo” y se preconizaba otro más perfeccionado y eficaz… Nuevo incidente después de esto: los delegados de la FER se indignaron sobremanera con aquellas provocaciones irresponsables y tomaron nota de que una vez más se negaban a poner a los sindicatos obreros entre la espada y la pared. Dicho lo cual, se marcharon a su vez… La JCR, el ”22 de Marzo” y el MAU se pusieron de acuerdo acerca del proyecto de anuncio y las modalidades de la campaña contra la represión. Unos días después, 8 militantes de Nanterre iban a parar ante el Consejo de la Universidad y los amenazaban con la exclusión. La audiencia se fijaba para el lunes 6 de mayo de 1968…

Atreverse a pelear…

Los militantes estudiantes esperaban una explosión de rebeldía para el inicio del curso universitario de 1968-69. No creían desencadenar un movimiento de gran amplitud cinco semanas antes de los exámenes. Ni siquiera pensaban poder impedir el curso de las pruebas, porque juzgaban desfavorable la relación de las fuerzas. La propaganda contra el sistema de exámenes no debía acabar en acciones de sabotaje en junio. Todos estaban de acuerdo en que un bloqueo implicaba una movilización masiva y presuponía una seria campaña de explicación política. El movimiento estudiantil pensaba poner los primeros jalones nada más; la batalla sería al iniciarse el siguiente curso.

Las prodigiosas metidas de pata de la administración universitaria modificaron por completo este programa. La rectoría había tomado el camino de la represión sobre la base de un postulado clásico: la agitación universitaria la mantenía artificialmente un puñado de extremistas irrecuperables, cuya histeria chillona irritaba a la masa estudiantil. Unas semanas antes de los exámenes, la eliminación de los ”instigadores” no provocaría ninguna inquietud. Esta fábula policiaca era el credo de todas las formaciones políticas, con el PCF a la cabeza. En realidad, las ”minorías activas” no estaban nada separadas del medio estudiantil. Durante todo el año, sus tesis y sus acciones habían hallado una simpatía creciente. El estudiantado se reconocía parcialmente en su intervención. Su situación objetiva le hacía receptivo a su propaganda. Lejos de desolidarizarse de los ”exaltados” se sentía directamente agredido por la represión que llegaba hasta él. Era necesario ser tan ciego como un rector para no comprender que una mayor represión provocaría un levantamiento general.

”París, ¡vamos a vernos las caras!”

El arresto de Daniel Cohn-Bendit el sábado 28 de abril había suscitado viva emoción en Nanterre. El anuncio de la comparecencia, el lunes 6 de mayo, de 8 militantes nanterreses ante la Comisión Disciplinaria del Consejo de la Universidad de París aumentó aún más la agitación. Mítines, ocupaciones, manifestaciones de todo orden se multiplicaban en la facultad.

Internamente, el ”Movimiento del 22 de Marzo” era objeto de un asalto en toda regla por parte de la UJCml. Al principio, ésta había condenado sin reservas el movimiento nanterrés: el ”22 de Marzo” se negaba a ponerse al servicio del pueblo; apartaba a los estudiantes del buen camino; era ”100% reaccionario”. Ese porcentaje bajó algo en vísperas de las vacaciones de Pascua: el ”Movimiento del 22 de Marzo” había impuesto la libertad política en la facultad. Esa libertad política favorecía la propaganda de los ”estudiantes progresistas” al servicio de los trabajadores. Por lo tanto, el ”Movimiento del 22 de Marzo” ya no era más que ”80% reaccionario”…

Detrás de esta casuística debemos ver la intervención del Buró Político de la UJCml, que rechazaba el sectarismo de su sección nanterresa.

En realidad, la dirección de la UJ estaba fascinada por Nanterre: concentración gigantesca nacida en el cogollo de las ”villamiserias”, la facultad de Nanterre era un terreno ideal para la aplicación de la línea ”servir al pueblo”. A las puertas del ”campus” universitario vegetaba el proletariado más explotado de la región parisina. En lontananza se perdían las chimeneas de las fábricas del ”cinturón rojo”. De modo más ”natural” que en ninguna otra parte, los estudiantes podían expandirse por las empresas y someterse a la autoridad de la clase obrera. Costara lo que costara, había que conquistar el movimiento nanterrés y transformar la facultad en primera base roja.

Por eso, a la vuelta de las vacaciones de Pascuas los nanterreses vieron maravillados una verdadera invasión de ml. Aplicando el precepto del presidente Mao, ”Para lograr la victoria en un punto, atacar concentrando sus fuerzas”, la UJCml envía a Nanterre varias decenas de militantes, sacados de todas las facultades de la región parisiense. El estado mayor de la UJCml entero dirige las operaciones directamente. Hecho sin precedente, el jefe supremo ha juzgado bueno desplazar- se y lleva las riendas en persona. No muy bien recibidos al principio por los militantes anarquistas, JCR y ”no organizados”, que forman la espina dorsal del movimiento, los ml restablecen la situación al final de una autocrítica estruendosa y de una declaración de intenciones.

Pronuncia oficialmente la autocrítica ante una asamblea general, del ”22 de Marzo” Roland Castro, militante de Bellas Artes. Con ayuda de muchas citas del presidente Mao recusa la actitud anterior de la UJCml y demuestra que el movimiento nanterrés es globalmente progresista porque desea ligarse a los trabajadores. Formula la declaración de intenciones la dirección de la UJCml en el curso de una reunión unitaria: la UJCml no tiene de ningún modo la intención de llenar de células suyas el movimiento; al contrario, piensa ponerse bajo su autoridad y a su servicio. Porque el ”22 de marzo” es depositario de una experiencia que los ml quieren asimilarse y propagar.

Poco sectarios, los nanterreses no reparan en pelos y acogen favorablemente a los militantes. Pero el idilio será breve. El ”22 de Marzo” comprende pronto lo que la dirección de la UJCml entiende por ”ponerse a su servicio”. En principio se trata de aprender de los nanterreses, de popularizar su experiencia y aplicar colectivamente sus decisiones. Concretamente, se trata de imponer la interpretación ml de la experiencia nanterresa y de utilizar el ”22 de Marzo” para los fines propios de la UJC.

Muy significativo es al respecto el episodio de Juquin. La UEC de Nanterre había invitado al diputado comunista de Yvelines a dar un mitin en el aula ”Che Guevara” acerca de los problemas de la reforma universitaria. El ”Movimiento 22 de Marzo” había decidido, de acuerdo con su tradición, ir a contradecirle en masa. Pero no se trataba de expulsarlo por principio negándose al debate. Los dirigentes de la UJCml aprobaron la decisión de los nanterreses. Pero el día del mitin, la UJCml parisina llenaba la sala y expulsaba al ”revisionista” a pesar de todos los acuerdos. Ese procedimiento era fundamentalmente contrario al espíritu del ”22 de Marzo”, cuya táctica consiste precisamente en polemizar con quienes se autoproclaman representantes de la clase obrera y de la revolución, para confundirlos delante de la masa estudiantil. Innecesario es decir que este método es mucho más demostrativo e instructivo que la expulsión de principio. Al quebrantar los acuerdos tomados, la UJCml imponía su estilo y su línea. A medida que los ml se sentían fuertes iban olvidando la humildad de sus primeras declaraciones y multiplicaban esa clase de ”incidentes”. Entonces, los aires cambiaron una vez más. A fines de abril se levantó un airecillo de irritación; a principios de mayo era ya una tempestad.

El domingo 29 de abril, el servicio de orden de la UJCml y de la CVB había saqueado una exposición de fotos del “Frente Unido pro Apoyo a Vietnam del Sur”  (1) y herido a una decena de fascistas, entre ellos a René 0llaindre, alto dignatario del movimiento Occident (Occidente). Aquella misma noche, la extrema derecha anunciaba una semana de represalias. ”A la policía le costará mucho sacar todos los cadáveres marxistas que taparán las cañerías”, pregonaba Occident en un comunicado de prensa. La verdad era que la extrema derecha francesa se hallaba extremadamente débil. El año universitario de 1967-68 había sido uno de los más ”tranquilos” desde el final de la guerra de Argelia. Mientras en 1966-67 se habían enfrentado la extrema izquierda y la extrema derecha en violentísimos encuentros (en particular Occident y JCR), ahora no se observaba ningún incidente serio en París ni en provincia. Las ”represalias” de Occident se limitaron a unas cuantas agresiones a militantes aislados y al saqueo, el jueves 2 de mayo, a las 8 de la mañana, de los locales de la FGEL, que estaban desiertos. Para el 3 se había anunciado algo ”gordo”. El ”Movimiento 22 de marzo” había organizado para los días 2 y 3 de mayo dos jornadas de acción antimperialista en Nanterre. La extrema derecha reunida había anunciado su participación… Y llamaba a sus militantes de provincia para constituir una fuerza que pudiera ir a Nanterre y aguantar…

Con el prestigio que le había dado su hazaña del domingo, la UJC propuso sus servicios a los nanterreses para sacar al invasor fascista. Desdichadamente, sus dirigentes no pudieron dejar de aprovechar las circunstancias para ejercitarse en la guerra del pueblo. En un plan de defensa que sin duda pasará a la posteridad, se esforzaron en aplicar a la situación concreta de Nanterre las lecciones universales que les enseña el presidente Mao. El resultado no dejaba de ser divertido.(2) Los nanterreses, incrédulos, se dejaron disponer, mover, desplegar, concentrar, todo el día del jueves, en un desorden indescriptible. No nos atrevemos a imaginar lo que hubiera sucedido si efectivamente hubiera atacado Occident en aquellos momentos. La exasperación de los nanterreses era tanto mayor cuanto que los cabecillas que presidían aquellas grandes maniobras se tomaban trágicamente en serio. Aquella misma tarde, pues, fue sometida la dirección de la UJCml al fuego graneado de la crítica en la asamblea general del ”22 de Marzo”. Xavier Langlade, militante de la JCR y dirigente del servicio de orden nanterrés que había parado en seco la ofensiva nacionalista en 1967, criticó punto por punto el plan de defensa y propuso un proyecto menos grandioso pero inmediatamente practicable.

Rápidamente, la asamblea general se transformó en psicodrama antichino; los militantes se sucedían en la tribuna y sacaban a relucir todas las quejas acumuladas. Pero esta vez no hubo autocrítica, antes bien, los dirigentes ml contestaban de mal humor y con arrogancia. Denunciaban la creciente influencia de los pequeñoburgueses trotskistas, anarquistas y de otros enemigos del pueblo en el ”Movimiento 22 de Marzo”, que corría peligro de caer otra vez en poder de la reacción. A estas cosas ya por sí bastante desacertadas añadieron un ultimátum: o el ”22 de Marzo” se sometía a la ”dirección militar” de la UJCml o su servicio de orden salía de allí y no se volvía a preocupar del enfrentamiento esperado. Esta amenaza hizo derramarse la copa y los nanterreses, con mucha elegancia, hicieron saber a los UJCml que no les inquietaba nada la perspectiva de tener que privarse de sus servicios. Entonces, dignamente, los ml abandonaron la sala. Unos instantes después, un emisario volvía a proponer a los nanterreses replegarse hacia París escoltados, porque aquellos lugares no eran seguros. Pero nadie se dignó aprovechar aquella última oferta. La UJCml salió, pues, definitivamente de allí y recibió la consigna de boicotear la movilización antifascista del viernes 3 de mayo.

Los militantes del ”22 de Marzo” preparaban su ”jornada antimperialista” cuando supieron que el decano había decidido cerrar la facultad hasta los exámenes por los incidentes que constante- mente turbaban su tranquilidad. Inmediatamente se decidió organizar un mitin de protesta para el día siguiente a las 12 horas en el patio de la Sorbona. Obligado a salir de su bastión nanterrés, el ”Movimiento 22 de Marzo” lanza a su vez el necesario desafío: París, ¡vamos a vernos las caras!

Notas:

(1) Organización de extrema derecha fundada por Tixier-Vignancourt.
(2)Cfr. el relato hecho por miembros del ”22 de Marzo” en el No. 42, p. 205, de Partisans: ”Han venido a defender la facultad de Nanterre, pero a defenderla según modelos totalmente chinos, diciendo: ‘Ustedes los estudiantes de Nanterre se constituyen en la facultad en grupos de autodefensa… etc. Nosotros arrojaremos desde los techos toda clase de materiales con nuestras hondas.’ Habían previsto cavar trincheras, poner troncos de árbol para que los fafs cayeran en ellas si llegaban en coche. Querían también verter cosas liquidas para que se resbalaran. Y decían: ‘Podríamos utilizar tablas que dispararíamos desde los techos con un artificio elástico muy resistente. —Pero ¿ya saben ustedes que eso sirve? —Pues lo hicieron en la Universidad de Pekín, así que debe servir.’ En la noche del 1° al 2 de mayo, los militantes que quedaron discutiendo con los prochinos se dejaron enredar por completo… La psicosis era tal que los pocos militantes responsables de las jornadas antimperialistas de Nanterre no se atrevieron a continuar; y no se continuó…”

Militantes de las JCR durante los acontecimientos de Mayo del 68, Weber fue posteriormente senador del PS y Bensaid dirigente de la LCR francesa.

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