Educación ciudadana

Monográfico sobre la pobreza – Attac Canarias

En esta semana en que exigimos la erradicación de la pobreza recuperamos algunos artículos de triste actualidad, escritos por nuestro compañero de attac Canarias, Francisco Morote.


Ilegalización de la pobreza y Renta Básica

31 marzo 2014 | Categorías: Opinión | |

Francisco Morote – ATTAC Canarias

En el mundo hay 3. 000 millones de pobres, el 43 por ciento de la población total, de los cuales 1.200 millones, según el presidente del Banco Mundial Jim Yong Kim, viven en condiciones de pobreza extrema.

En 2015 se cumplirá el ciclo de 15 años que la Organización de las Naciones Unidas (ONU), estableció en el año 2000 para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Entre esos objetivos figura reducir la pobreza extrema en un 50 % con respecto a la cifra de las personas que vivían en esa situación en 1990.

Por consiguiente, aunque se alcanzase ese objetivo prioritario, en 2015 difícilmente habrá menos de 1.000 millones de personas en situación de pobreza extrema y cerca de 2.000 millones seguirán viviendo en la pobreza.

Y las perspectivas no son muy halagüeñas. Citando de nuevo al presidente del Banco Mundial Jim Yong Kim calcula que para el año 2030 podría haberse erradicado la pobreza extrema, lo que nos dejaría aún con un panorama de miles de millones de pobres a secas a esas alturas del siglo XXI.

Reflexionando sobre la pobreza el filósofo Fernando Savater en octubre de 2009 durante un acto organizado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo en colaboración con la Organización Mundial de la Salud en Ginebra, decía: “La única raza excluida es la de los pobres, la enfermedad más grave, la que más muertes causa es la miseria. La miseria entendida como la falta de acceso a los demás y a la ayuda que colectivamente se puede prestar” y añadía, “Lo que hay que reclamar es que la pobreza sea declarada ilegal, como lo es la esclavitud, y la aceptamos como normal durante siglos”.

Los pobres no sólo tienen que soportar la negación de una o varias de las necesidades básicas para la vida, como alimento, agua potable, vivienda, sanidad y atención a la salud, no sólo tienen que aceptar una esperanza de vida menor para ellos y para sus hijos, (diariamente mueren 4.000 niños, pobres por supuesto, por no tener acceso a agua de buena calidad), sino que, además, allá donde viven y allá donde migran deben sufrir el azote de lo que la también filósofa Adela Cortina denominó aporofobia (del griegoá-poros -pobre- y φόβος ,- fobia, miedo-),   un prejuicio, que en ciertos casos llega a ser una enfermedad mental, hecho de una mezcla irracional de miedo o pánico y rechazo o hasta odio.

Constatando la crudeza inhumana de esas realidades, ¿cuánto tiempo más toleraremos la existencia de la pobreza en la historia humana?

“Yo espero -decía, también, Savater en 2009-, que el mundo evolucione lo suficiente para que en unos cien años la miseria sea perseguida legalmente, que sea algo inaceptable para la sociedad”.

Pues bien, afortunadamente no van a pasar cien años sin que alguien plantee, de manera formal, la idea de declarar ilegal la pobreza. El pasado 14 de marzo, la Cátedra del Agua de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina), con su Director Aníbal Faccendini, junto con Osvaldo Bayer, historiador, escritor y periodista y Riccardo Petrella, polítólogo y economista, padrino e impulsor respectivamente de la iniciativa, acordaron lanzar una campaña para toda América Latina para que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) “Declare ilegal la pobreza” (DIP).

“La pobreza -sostiene Faccendini-, no es normal, no es natural. No forma parte intrínsecamente del ambiente. No existe la pobreza en el mundo de los animales no racionales. Es una creación exclusivamente inductiva del hombre. Es una construcción social, por consecuencia, es una creación humana”.

En fin, la batalla por la ilegalización de la pobreza ha empezado y lo ha hecho en América Latina, todo un símbolo porque allí donde más desigualdades sociales han dejado los diversos sistemas históricos de producción, incluido el capitalista, es donde también está teniendo lugar hoy la lucha posiblemente más consecuente contra la pobreza, a cargo de los movimientos sociales populares y los gobiernos que los encarnan.

Con todo las dificultades para erradicar la pobreza en el mundo serán casi insuperables. Baste con tener en cuenta los exiguos resultados alcanzados por la iniciativa de la ONU de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. No, bajo la divisa capitalista de un mundo convertido en mercancía, la victoria sobre la pobreza no es una prioridad. Ni siquiera lo es ya disponer de fuerza de trabajo, casi la única salida en el sistema para alejarse de la pobreza. Hoy, hasta en el mundo desarrollado tener trabajo no es garantía para salir de pobre. “El virus de la automatización, de la robotización imparable -ha dicho el académico y político Julio Boltvinik-, destruye el trabajo humano vivo”, por lo que la solución lógica para evadirse de la pobreza capitalista, que aún ilegalizada podría prolongarse indefinidamente, la apunta Boltvinik recomendando: “Luchemos por separar el ingreso del trabajo, por convertir en derecho universal el acceso a un nivel de ingreso que nos permita a todos una vida digna, desde la cuna hasta el sepulcro. Luchemos por el Ingreso Ciudadano Universal, Suficiente e Incondicional, que pueda ser la semilla de la sociedad poscapitalista”.

Asociar la ilegalización de la pobreza y el Ingreso Ciudadano o Renta Básica Universal, como mecanismos de redistribución de la riqueza encaminados a la eliminación de la pobreza, serán, a partir de ahora, objetivos irrenunciables para los que creemos que otro mundo mejor y más justo es realmente posible.


¿Cuánto tiempo más deberán esperar los pobres ?

18 mayo 2014

Francisco Morote Costa  – ATTAC Canarias

Según el Banco Mundial, en el mundo hay alrededor de 3000 millones de personas pobres, cerca de la mitad de la población mundial, que sobreviven con menos de dos dólares diarios y, de esos 3.000 millones de pobres, entre 1000 y 1.200 millones viven en la pobreza extrema, puesto que deben subsistir con menos de 1, 25 dólares diarios.

¿ Cuánto tiempo deberán esperar esas personas para salir de la pobreza ?

Al alcanzarse la fecha simbólica del año 2000, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó solemnemente la llamada Declaración del Milenio, que contenía los denominados Objetivos (8) de Desarrollo del Milenio (ODM). El primero de ellos establecía el compromiso de los 189 jefes de estado y de gobierno firmantes de la Declaración de reducir a la mitad en 2015 el número de personas que en 1990 vivían en la pobreza extrema y el hambre. Es decir, el año próximo, 2015, cuando concluya el período acordado para la consecución del objetivo de reducir a la mitad la cifra de personas que en 1990 vivían en la pobreza extrema, todavía habrá alrededor de 1000 millones viviendo en la pobreza extrema y 3000 millones en la pobreza.

¿Cómo van a salir todas esas personas de la pobreza?

El desarrollo económico, medido en términos de crecimiento del producto interior bruto (PIB), es la fórmula consagrada por el sistema capitalista que impera en casi todo el planeta. El crecimiento económico, véase el ejemplo de China, se nos dice, es la mejor fórmula para reducir la pobreza. Ese es el camino.

Ahora bien, el crecimiento económico ilimitado no solo tiene el inconveniente insuperable de haberse convertido en inasumible para la propia naturaleza, sino que, tomado en su conjunto, a escala mundial, es y será de tan solo un dígito anual por mucho tiempo y con la agravante, además, de que la riqueza que genera se reparte de una forma absolutamente desigual, ya que una minoría social cada vez más exigua concentra una parte desproporcionada de esa riqueza y el resto debe conformarse con una parte decreciente de ella.

Confiar, por lo tanto, en que el crecimiento económico ilimitado, cerrando los ojos a su inviabilidad ecológica, es la vía para sacar de la pobreza a miles de millones de personas, más que un error, es una falsedad indecente.

¿Qué hacer entonces?

Convertir la lucha por la erradicación de la pobreza en la prioridad absoluta de la ONU y, por consiguiente, de los Estados y los gobiernos que la integran.

Si no se quiere que el siglo XXI siga soportando la lacra de la pobreza de un número intolerablemente alto de seres humanos, mujeres y niños en su mayoría, el primer paso que debe dar la ONU es declarar la ilegalidad de la pobreza. Esta decisión, que el conjunto de los movimientos sociales, que la ciudadanía mundial y los pueblos de la Tierra deberían reclamar, pondría en primer plano la obligación prioritaria de los organismos e instituciones internacionales, de los Estados y de los gobiernos de acabar con la pobreza, descartando el inútil e inviable método del crecimiento económico ilimitado y apostando por el reparto de la riqueza mediante la fórmula de la justicia fiscal global y el establecimiento de la renta básica universal.

El problema no es seguir creando una riqueza que una minoría siga acaparando cada vez más, sino repartir la riqueza ya creada y por crear asegurando una vida digna a todos los seres humanos por el simple hecho de serlo.

El sistema no puede dar empleo y un trabajo decente a los miles de millones de personas que viven en la pobreza o corren el peligro de caer en ella. Ni siquiera es su objetivo y de hecho son cada vez más los trabajadores que padecen la llamada pobreza laboral. Además, sobre el trabajo remunerado pende la amenaza de la automatización y el desempleo masivo crónico. Y, sin embargo, el progreso material es extraordinario y la cuestión, a título de ejemplo, es si la humanidad seguirá aceptando impasible el hecho de que unas cuantas decenas de personas, menos de cien, acumulen tanta riqueza como los 3.500 millones de personas más pobres del planeta.

Si es así, la pobreza no se erradicará tampoco en este siglo, pero si, como fruto de la presión de los movimientos sociales, de la ciudadanía y de los pueblos, la ONU y los gobiernos del mundo ilegalizan la pobreza y asumen las políticas consecuentes con esa medida, la pobreza se convertirá en un fenómeno social residual, como lo son actualmente los rescoldos bochornosos de la esclavitud humana.


La ONU debe declarar ilegal la pobreza

30 mayo 2014

Francisco Morote Costa – ATTAC Canarias

En septiembre del año 2000, en la llamada Cumbre del Milenio en la Asamblea General de las Naciones Unidas, los 189 jefes de Estado y de gobierno presentes, suscribieron una Declaración, conocida como Declaración del Milenio, que recogía ocho objetivos, los Objetivos de Desarrollo del Milenio ( ODM ), el primero de los cuales proponía erradicar la pobreza extrema y el hambre en el mundo y establecía la fecha de 2015 para reducir a la mitad, con respecto a 1990, el número de personas que sufrían esa inadmisible situación.

Han transcurrido catorce años desde entonces y si bien se han logrado progresos indudables el hecho cierto es que para 2015, la fecha tope para la consecución de los ODM, el panorama de la pobreza extrema, de la pobreza ” moderada ” y el hambre en el mundo continúa siendo desolador.

A día de hoy 1000 millones de personas, casi la séptima parte de la población mundial, vive en situación de pobreza extrema ( 1.25 dólares diarios ) y 2.500 millones más en estado de pobreza ” moderada” ( menos de 2 dólares diarios).

Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, cree posible acabar con la pobreza extrema hacia 2030, aunque reconoce que para acabar con ella desde ahora ” se necesitaría que un millón de personas dejara de ser pobre cada semana durante 16 años”.

En fin, la perspectiva de que la pobreza deje de ser el principal problema social de la humanidad en el siglo XXI no está nada clara. Y menos si, como los estudios más recientes de economistas como Thomas Piketty (“El capital en el siglo XXI”) y otros ponen de relieve, el sistema económico capitalista imperante en el mundo genera y generará una desigualdad progresiva, entre una exigua minoría, que concentrará la riqueza, y una creciente mayoría que, inexorablemente, engrosará las filas de los empobrecidos.

Ante ese panorama la única salida decente, de cara a la revisión que en 2015 deberá hacer la Organización de las Naciones Unidas ( ONU ) de la consecución de los ODM es que, por lo que se refiere al objetivo número uno, la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, la ONU declare ilegal la pobreza. Sólo una medida así, impulsada por la máxima representación de la comunidad internacional, tendrá la legitimidad y el valor suficiente para poner en la agenda mundial la erradicación de la pobreza como el objetivo social prioritario a conseguir por el conjunto de las instituciones internacionales, los Estados y los gobiernos de todo el mundo.

La ONU tiene el deber moral imperativo de adoptar, como muy tarde en 2015, cuando se haga el balance de los logros de la Declaración del Milenio, la decisión de declarar ilegal la pobreza, porque solo así las instituciones económicas internacionales y los Estados y gobiernos del mundo estarán obligados y comprometidos a poner como primer e ineludible objetivo de sus políticas económicas y sociales la erradicación de la pobreza.

No valdrá entonces el artificio del crecimiento económico ilimitado, incompatible a medio y largo plazo con el equilibrio ecológico del planeta, como vía para asegurar el fin de la pobreza, sino que se planteará, sin enmascaramientos ideológicos interesados, la cuestión de la redistribución de la riqueza tan inconcebiblemente concentrada en un minoritario polo social – 85 personas tienen tanta riqueza como 3. 500 millones de seres -, que la inmensa mayoría de la sociedad está condenada a pasar innecesarias privaciones, inadmisibles desde el punto de vista ético y legal.

En su día, en el siglo XIX, fue ilegalizada la esclavitud. En su día, en el siglo XX, tuvo lugar el reconocimiento de la igualdad de derechos de la mitad femenina de la humanidad. Al llegar el siglo XXI no basta ya con denunciar la inhumanidad de los prejuicios contra los pobres y la misma aporofobia, la meta social y moral inaplazable es la erradicación de la pobreza, y la obligación de la ONU es despejar el camino declarando su ilegalidad.

Las Palmas de Gran Canaria, mayo 2014


Pobreza y derechos humanos

19 septiembre 2014

Francisco Morote Costa – ATTAC Canarias

En la era de los derechos humanos no hay nada más inhumano que la pobreza, sobre todo, la llamada pobreza extrema.

Está asociada al hambre, a la indefensión frente a las enfermedades, a las carencias materiales de lo más elemental. Al sufrimiento y la desesperanza. A la migración imposible, que muchas veces desemboca en tragedias, a veces conocidas, otras muchas veces ignoradas.

La pobreza de millones de personas que ” nacen pobres “, como si eso debiera ser normal, es la antesala de una vida, por llamarla de algún modo, infernal. El infierno en la tierra. No es extraño que los credos que prometen a los pobres, a los muy pobres, el paraíso en la ” otra vida “, hayan tenido tanto éxito a lo largo de la historia. Pero hoy es inadmisible la pobreza. Representa la violación más brutal e injustificable de los derechos humanos. Derechos humanos y pobreza no se compadecen, no son compatibles. En consecuencia, es un ejercicio de hipocresía y cinismo inauditos pregonar los primeros sin reprobar y hacer frente a la pobreza y sus sinrazones.

Sólo desde las visiones torcidas de la aporofobia, de la aversión y el miedo hacia los pobres, se les puede inculpar y así justificar el infierno en el que viven. No puede sostenerse por más tiempo la contradicción entre unos derechos humanos proclamados y reconocidos universalmente y una realidad despiadada que los desmiente.

Por congruencia la ONU, donde en 1948 los derechos humanos fueron objeto de una solemne Declaración, debería, en el período comprendido entre 2015, fecha convenida para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio y 2018, setenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, declarar ilegal la pobreza, del mismo modo que el progreso material y moral de la humanidad llevó en los siglos XVIII y XIX a la abolición de la servidumbre de la gleba y en el XIX a la prohibición de la esclavitud.

Sólo así se sentarán las premisas éticas que obligarán a la comunidad internacional y a los Estados a implementar las políticas económicas, sociales y culturales que erradiquen la pobreza y hagan una realidad, para todos, el ejercicio pleno de los derechos humanos. Este es el gran reto para la ONU del siglo XXI, hagamos, desde la sociedad civil global, que lo asuma.


Presos de la pobreza

Francisco Morote Costa 01.10.2014 | 22:16

Ochenta y cinco personas en el mundo, según el informe ” Gobernar para las élites ” de Oxfam Intermón, tienen tanta riqueza como los 3.570 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, más pobres. No puede haber una expresión más gráfica, más cruda de hasta que extremos de locura ha llegado la injusta distribución de la riqueza en la Tierra.

Mientras que los primeros, ciudadanos Kane, morirán dejando una inmensa fortuna que ni viviendo cien años podrían gastar, los segundos estarán abocados, en sus mucho más cortas vidas, a sufrir toda clase de privaciones, desgracias y violencias.

Miles de millones de seres humanos, para los que los derechos humanos son papel mojado, son presos de la pobreza. Encerrados en el círculo poco virtuoso de la desnutrición, las epidemias, sin acceso a una atención sanitaria básica, en asentamientos precarios, estos cautivos sociales, en su inmensa mayoría, no podrán traspasar los barrotes invisibles de la cárcel de la pobreza.

¿Qué tienen en la vida? Cruelmente habrá que reconocer que sólo se les ofrece tener hambre, enfermedades, agua contaminada, chabolas, favelas… Esas son sus ” posesiones “.

Es preciso sacar a esos miles de millones de personas de la cárcel de la pobreza, ¿ pero hay voluntad política para hacerlo ?

Si la hay es muy tímida. En la Declaración del Milenio del año 2000, aprobada en la ONU por 189 países y firmada por 147 Jefes de Estado y de Gobierno, se fijó, en los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio ( ODM ), la meta de reducir a la mitad para 2015 la pobreza extrema en el mundo, cifrada por aquel entonces en más de 1.000 millones de personas. Un objetivo sin duda modesto, puesto que para esa fecha, que ya está a la vuelta de la esquina, todavía habría al menos más de 500 millones de personas que aún vivirían en la pobreza extrema, sin contar los miles de millones que lo seguirían haciendo en condiciones de pobreza a secas.

En fin, a estas alturas es evidente que sacar de la pobreza a miles de millones de personas, es imposible con la actual distribución de la riqueza en el mundo. Mientras se acepte que 85 personas concentren tanta riqueza como 3. 570 millones y aún peor, se considere admisible y natural que puedan seguir acumulando más riqueza, se estará consintiendo tanto el enriquecimiento ilimitado de unos pocos como el empobrecimiento ilimitado de la gran mayoría.

Sólo la corrección decidida de la injusta distribución de la riqueza podrá resolver el problema. Por consiguiente,el capitalismo neoliberal, que sólo beneficia a los ricos, deberá ser abandonado. Versiones menos impresentables del capitalismo, como el neocapitalismo keynesiano, aplicado en la Europa nórdica tradicionalmente, podrán seguir existiendo justificadamente por un tiempo, pero para poner fin a la pobreza la solución definitiva exigirá de modelos profundamente democráticos de perfiles inequívocamente socialistas o. aún mejor, ecosocialistas.

Mientras tanto, por congruencia, la ONU, que tiene en la erradicación de la pobreza una de las banderas de su razón de ser, debería declarar ilegal la pobreza, como un primer paso que obligase a los Estados y a los gobiernos del mundo a hacer de ese objetivo la prioridad de sus políticas económicas y sociales. La confrontación con el capitalismo neoliberal sería inevitable, pero las posibilidades de erradicar la pobreza aumentarían exponencialmente

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