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Una utopía realista: no estamos locos y sabemos lo que queremos

Una utopía realista: no estamos locos y sabemos lo que queremos

Hace diez años algunos dijeron que habría que refundar el capitalismo, pero el descontrol y la voracidad financiera era tan grande que solo fueron capaces de poner algunos parches para que no se les acusara de inacción.

CUCA HERNÁNDEZ, coordinadora de attac España
PUBLICADO en El Salto N.17

2018-08-28

Diez años de crisis, diez años de luchas contra las consecuencias de una estafa financiera que ha servido para que las élites políticas y económicas se apropien de lo común al implantar medidas ideológicas que, lejos de resolver la crisis y dar soluciones a la mayoría, han convertido derechos de toda la ciudadanía en mercancía para beneficio de unos pocos.

Las luchas contra las consecuencias de esta crisis siguen vigentes, pero ha llegado el momento de luchar contra sus causas si queremos recuperar el control de nuestro futuro. Las causas de la crisis, por todos es sabido, fueron unos mercados financieros desregulados y un poder político al servicio de esta locura de casino. Hace diez años algunos dijeron que habría que refundar el capitalismo, pero el descontrol y la voracidad financiera era tan grande que solo fueron capaces de poner algunos parches para que no se les acusara de inacción. Desde el 15 de septiembre de 2008 nada se ha hecho para poner coto a unos mercados que se han demostrado peligrosos, capaces de arruinar países y generar hambre en poblaciones enteras.

Recientemente, en el Estado español hemos visto cómo la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), el organismo responsable de la “libre competencia”, ha denunciado medidas reguladoras hechas por diversos ayuntamientos para limitar la especulación sobre la vivienda de alquiler. Es decir, pretenden que la libertad de inversión de unas entidades o individuos quede por encima del derecho ciudadano, reconocido por la Constitución, a una vivienda digna. Este es solo un ejemplo de cómo ni los poderes públicos mejor intencionados pueden actuar frente una ley de libre mercado que devora todo y que nos está abocando a un nuevo colapso.
Por eso este décimo aniversario de la crisis es el momento en el que diversas organizaciones europeas, entre las que se encuentra una treintena de organizaciones españolas, hemos decidido que esta es la hora de reaccionar, marcándonos como objetivo el control ciudadano de las finanzas.

No estamos locos y sabemos lo que queremos. Sabemos que es difícil y que no es una tarea de hoy para mañana. Que tenemos que convencer primero a nuestros compañeros y compañeras de luchas, porque ya está bien de esa interpretación de la realidad en la que las exigencias de los mercados son como las demandas de aquellos dioses antiguos que reclaman sacrificios humanos.

Estamos en un momento económico y político no muy lejano al que hizo estallar las burbujas en 2008, y un nuevo colapso nos puede arrastrar a la catástrofe. Por eso es la hora de propugnar una “utopía realista”.
La reforma de las finanzas es inseparable de un enfoque radicalmente diferente de la sociedad. Las finanzas son el sistema nervioso de la economía, y por eso queremos unas finanzas al servicio de las necesidades de la gente y no abandonadas a las leyes del casino-mercado. Debemos contemplar el impacto que las finanzas tienen en todos los ámbitos de la sociedad, y la estabilidad financiera ha de ser evaluada en función de las necesidades humanas y el bien público.

Se han de prohibir los instrumentos que articulan la especulación financiera y facilitan la evasión fiscal. La riqueza se distribuirá mediante una recaudación tributaria eficiente y con unos servicios públicos eficaces, y nunca el clima, la educación, la sanidad, la vivienda o las pensiones estarán en manos especuladoras o dependerán del endeudamiento de la población o del Estado.

Tenemos que abandonar esta fatalidad de que este sistema financiarizado es la única opción posible. Aquí se ha esbozado una pequeña alternativa, pero el argumentario es mucho más amplio y hay muchas personas que estamos trabajando para que esa “utopía realista” se haga realidad.

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