Justicia Económica

Utopía para realistas


Utopía para realistas – Gratis: 1er capítulo disponible en pdf, en la web de la editorial Salamandra.

Rutger Bregman
Ensayo
Editorial Salamandra

Hace unos meses publicábamos un enlace a la charla de Rutger Bregman en TED, subtitulada en castellano : “La pobreza no es una falta de carácter es una falta de dinero” que suscitó cierto interés. Ahora compartimos esta entrevista publicada en “La Voz” (Argentina).

En la ficha TED del autor resumen así su idea, que retoma en la obra “Utopía para realistas”:

La necesidad universal de un ingreso básico. ¿Cómo se puede erradicar la pobreza? A menudo, se intenta combatir la pobreza atendiendo a sus síntomas, en lugar de abordar las causas que subyacen a ella. Para el historiador  Rutger Bregman, la solución a la pobreza es sencilla, el ingreso básico universal, lo que en España conocemos como renta básica universal. Hay que cambiar el contexto en el que vive la gente pobre, dando a cada persona un ingreso mensual que le permita sufragar sus gastos básicos. Esta idea existe desde hace más de 500 años, siendo Thomas More el primero en plantearla en su ya clásica obra “Utopía”, y Bregman afirma que su validez está demostrada. En 1974, un experimento en Dauphin, Canadá, demostró cómo la renta básica podía permitir a todos no solo sobrevivir, sino prosperar. Según Bregman, una renta básica en Estados Unidos costaría 175.000 millones de dólares, lo que representa un cuarto del presupuesto militar del país. Por otra parte, la renta básica universal afecta también al propio futuro del trabajo: supone un cambio total de planteamiento acerca de lo que el “trabajo” es realmente. Por último, Bregman cree en un “futuro en el que el valor de tu trabajo no venga determinado por el tamaño de tu nómina” sino por la cantidad de felicidad que reparta y por el significado que tú le puedas dar.

Editora adjunta de VOS y Número 0.

300 páginasRutger Bregman, autor del ensayo Utopía para realistas, sostiene que la mejor manera de resolver la pobreza es entregando “dinero gratis para todos” y con una semana laboral de 15 horas.

El libro tiene tapas amarillas estridentes. En la solapa aparece la cara de un autor que podría integrar el elenco de la serie Vikingos pero integra el grupo de jóvenes intelectuales europeos en boga. Y el ensayo desarrolla una idea que circula desde hace un par de años. Según estas páginas, la pobreza, el gran problema de la sociedad contemporánea, podría empezar a resolverse con tres medidas: una renta básica universal (eufemismo de la fórmula más simple “dinero gratis para todos”, que equivaldría a una “asignación universal por humano”), una semana laboral de 15 horas y fronteras abiertas en todos los países del mundo.

Utopía para realistas, el ensayo de Rutger Bregman, es ameno como la transcripción de una charla Tedx pero a la vez  profundiza en ejemplos históricos de cómo estas ideas se llevaron a cabo con éxito en diversos lugares. Y si bien nuestro natural descreimiento podría apresurarnos a juzgar el texto como ingenuo, lo cierto es que su lectura es también un necesario ejercicio para desnaturalizar conceptos hasta ahora incuestionables: dar por sentado que el PBI es el primer indicador de la economía de un país o que toda propuesta  ideológica es apta para ubicar a la derecha o a la izquierda del espectro político.

Por eso Bregman se presenta como una rara avis: sostiene que el capitalismo nos ha generado enormes riquezas que es hora de encauzar, toma distancia de las posturas conservadoras y, a la vez, es crítico con el progresismo heredero del Estado del Bienestar europeo (y con sus subsidios “a cambio de”). En sus propias palabras, la renta básica universal es importante “no simplemente durante unos años, o sólo en los países desarrollados, o sólo para los pobres, sino estrictamente lo que se lee en la etiqueta, ‘dinero gratis para todos’. No como un favor, sino como un derecho”.

Como las propuestas de Bregman pueden pasar por ideas de laboratorio social aplicables sólo a países como Finlandia o Uruguay, el autor respondió vía mail algunas preguntas dirigidas, sobre todo, al “cómo entonces lo hacemos” y, también, a cómo podrían aplicarse esos programas a economías e idiosincrasias como la argentina y latinoamericana.

Asignación universal por humano

–Sostenés en el libro que por primera vez en la historia somos lo bastante ricos como para financiar una renta básica universal. ¿Eso es aplicable a países en vías de desarrollo y endeudados?

–Creo que la renta básica es una idea más prometedora para los países en vías de desarrollo. Por dos razones. En primer lugar, porque es la más eficiente y directa manera de aliviar la pobreza. Los países en vías de desarrollo a menudo gastan billones en programas anti-pobreza pero no es mucho el dinero que llega a las personas que realmente lo necesitan (debido a la corrupción, entre otras cosas). Una renta universal resolvería esto. En segundo lugar, es importante enfatizar que la renta básica es una inversión que se paga sola. Los costos de la pobreza son enormes en términos de salud pública, tasas de criminalidad y niños a los que no les va bien en la escuela. No podemos costear la pobreza, es muy cara.

–En el libro das varios ejemplos concretos de pequeñas comunidades en las que se aplicó la renta universal. ¿Cómo sería aplicable a grandes ciudades?

–Es que muchos de los experimentos de la renta básica fueron en grandes ciudades, como Seattle, por ejemplo. Pero hay dos caminos posibles. Uno es que es podríamos hacer más y más grandes experimentos locales. Finlandia acaba de implementar uno, Canadá anunció otro grande y Kenya también empezó. El otro camino indica que podemos movernos gradualmente hacia una renta universal a nivel nacional. Los países latinoamericanos podrían usar los ingresos públicos del petróleo para fundar una parcial renta básica para todos. Se podría empezar con una suma pequeña de dinero y gradualmente incrementarlo.

–En la Argentina, los subsidios y beneficios para los más pobres han sido duramente criticados por parte de la clase media. Vos sostenés que el “dinero gratis” debería ser un derecho, no una ayuda. ¿Cómo se lidiaría con esa resistencia de las clases medias? ¿Y de los empresarios?

–Es muy importante que la clase media se vea beneficiada también. Por eso necesitamos un sistema de salud universal, educación pública universal y una renta básica universal. Si todos tienen interés en nuestros sistemas de seguridad social, tienen más legitimidad política. Esa es la razón por la cual los estados de bienestar europeos son tan fuertes: porque incluyen a las clases medias.

 

Rutger Bregman es considerado una de las voces más originales entre los jóvenes pensadores europeos (fotografía, gentileza Salamandra)

Tiempo de ocio para todos

El esquema de Bregman no implica solamente la redistribución del dinero, sino también la de los impuestos (al capital, no al trabajo) y la del tiempo (jornadas laborales más cortas). En eso se basa su semana laboral de 15 horas. Para introducir el tema, Bregman recuerda que economistas clásicos del siglo 20 como John Keynes y John Mill vaticinaban que en el siglo 21 la riqueza y los cambios laborales nos permitirían disfrutar de más tiempo de ocio.

Sin embargo, ese futuro no llegó. Se impuso la idea de que “no podemos permitirnos tener más tiempo libre”, un ideal maravilloso pero, para nuestra economía, demasiado caro. Bregman sostiene lo contrario, vuelve a Henry Ford y a otros empresarios del siglo 20 que demostraron que productividad no es sinónimo de trabajar más horas y suma argumentos relacionados con salidas a las crisis económicas, la emancipación de la mujer o la presencia del hombre en trabajos domésticos.

–Argentina y otros países de Latinoamérica están forjados con una cultura del trabajo muy particular, herencia de los inmigrantes europeos que mejoraron su calidad de vida con la idea de que sin esfuerzo no hay recompensa y de que “Nadie te regala nada”. ¿Es necesario repensar ese paradigma?

–Creo que tenemos que repensar qué es el “trabajo”. Hay muchas personas que trabajan muy duro pero no contribuyen mucho al bienestar social. No me refiero a enfermeras, recolectores de basura ni a docentes, obviamente, sino a consultores, banqueros y abogados corporativos (quienes a menudo dicen de su propios trabajos que no tienen utilidad). Si ellos hicieran huelga, no pasaría mucho. En general, es importante también reconocer que no siempre la productividad va de la mano con trabajar largas horas. Por el contrario, los países con las semanas laborales más cortas suelen ser los más productivos. Y la razón es sencilla: si estás muy cansado, cometés errores y dejás de ser creativo. Así que si queremos hacer más, quizás tenemos que empezar por trabajar menos.

–¿Y qué hacemos con los privilegios de clase? ¿Con algo tan humano como la codicia? ¿Con el hecho de que un montón de personas rechazarían la idea de redistribuir el dinero, el tiempo y los beneficios?

–Creo que es importante recordar que la erradicación de la pobreza es un tipo de solución “Win-win”, todos ganamos. Los ricos se beneficiarían también, porque simplemente es mejor vivir en una sociedad en la que todos pueden contribuir con el bien común. Miremos los rankings internacionales de bienestar: en donde aumenta la desigualdad la vida empeora para todos, incluidos los ricos.

15 horas semanales

–Si las 15 horas semanales son la solución al desempleo, ¿Por qué creés que las reformas laborales de nuestra región van hacia el camino opuesto?

–Lo importante son las ideas. Honestamente, creo que las ideas pueden cambiar el mundo y lo hacen. Pero globalmente, y especialmente en el espectro político de la izquierda, parece haber una total falta de ideas. Muchas veces sólo sabemos a qué cosas nos enfrentamos: contra el establishment, contra el racismo, etcétera. ¡Pero también tenés que saber qué es lo que apoyás! Martin Luther King no dijo “Tengo una pesadilla”.

–Tu idea de las fronteras abiertas suena muy bien pero, otra vez, los nacionalismos del mundo se están moviendo en sentido contrario (el muro de Trump, las restricciones migratorias de Europa). ¿Qué debería cambiar en la escena geopolítica para acercarnos a esta utopía?

–Creo que debemos usar el lenguaje del patriotismo para defender la apertura y la tolerancia. Miremos lo que hizo la canciller Angela Merkel en 2015, en la cúspide de la crisis de refugiados en Europa. Ella dijo: “Wir schaffen das”, es decir, “Nosotros podemos hacerlo”. Lo que quería decir era: “Miren, somos alemanes, somos mucho mejores que los ingleses, daneses o franceses, podemos manejar esto, hemos manejado desafíos más grandes en el pasado”. Ese es el camino. No sólo deberíamos estar en contra del nacionalismo, sino usarlo para promocionar la tolerancia, la apertura y la diversidad.

–¿Es tu planteo de esta utopía una manera de superar el concepto del Estado de bienestar versus neoliberalismo? ¿Del espectro binario de derecha versus izquierda?

–Absolutamente. Las ideas del libro se mueven por afuera de la distinción tradicional de izquierda y derecha. Algo como la renta básica es de izquierda, en el sentido de que aspira a erradicar la pobreza, pero es también de derecha en el sentido de que se trata de la libertad y responsabilidad individual.

El autor

Rutger Bregman (Holanda, 1988) es considerado una de las voces más originales entre los jóvenes pensadores europeos. Autor de cuatro libros en los que se aboca a las disciplinas que aborda en Utopía para realistas (traducido a 20 idiomas): historia, economía, filosofía y divulgación. Su obra History of progress obtuvo el premio Belgian Liberales como mejor obra de no ficción en 2013. Sus textos se han publicado en medios como The Washington Post, The Guardian y BBC.

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